He intentado escarbar en El niño de Marte para sacarle algo de jugo. Y lo único que he conseguido es centrarme en dos curiosidades: ver de nuevo en la misma película a los hermanos Cusack; y la segunda es la simpática caja andarina que aparece al ini

★☆☆☆☆ Pésima

El niño de marte

Después de una semana en la que los estrenos de las nuevas obras de  Paul Thomas Anderson y Tim Burton han ocupado mi tiempo en las salas de cine, y films de Godard y Wong Kar-Wai han rellenado los huecos libres en casa, llega la pobre El niño de Marte a sabiendas de que entre tanto genio y tanta obra maestra, la impronta que puede dejar en mi experiencia cinéfila no se ha rodeado de las mejores compañías. Sirva esto para: 1) que el lector entienda que el propósito de escribir una crítica de esta película resulta, para este wannabe de crítica que soy, más una complicación que un pasatiempo; y 2) que la memoria es selectiva y que si en alguna ocasión vuelvo a leer en algún lugar el nombre de esta película (El niño de Marte) las posibilidades de que recuerde algo de su contenido son francamente bajas, no sólo porque poco hay que decir de esta película sino porque sin duda alguna recordaré con más precisión las obras que, por las casualidades de la vida, han captado mi atención durante esta semana que la película de inminente estreno que debería ocupar la totalidad de esta crítica.

Que nadie me malinterprete: no estoy haciendo uso de las técnicas de Movie Mutations ni el espíritu de Jonathan Rosenbaum me ha absorbido el estilo crítico que suelo utilizar, pero ante el intento casi imposible de escribir algo sobre esta película, no puedo sino empezar explicando que estamos ante uno de tantos films que la factoría Hollywood produce como quien hace latas de sardinas, lo cual convierte la escritura de una crítica en una tarea tediosa y aburrida. Total, que la película no es original, no es interesante y no tiene prácticamente nada por lo que valga la pena pagar 7 euros. No confundir todo esto con algo como “la película está mal hecha” o “es un peñazo”, sino que simplemente es como revivir una experiencia cinéfila que cuando teníamos 8 años podía sorprendernos pero que ahora, a estas alturas de visionados existenciales, no vale la pena sufrir.

Que conste que he intentado escarbar en El niño de Marte para sacarle algo de jugo. Y lo único que he conseguido es centrarme en dos curiosidades: la primera es ver de nuevo en la misma película a los hermanos Cusack (Joan y John); y la segunda es la simpática caja andarina que aparece al inicio del film. Tras esto, poco más que añadir. A menos que se me permita leer entre líneas en un alarde de sobreinterpretación al más puro estilo marciano y pueda decir que la película busca la homogeneidad de las personas por encima del ensalzamiento de la individualidad… o al revés, ahora no lo recuerdo (ya decía yo que esta película pasaría a volatizarse rápidamente en el espacio de mi memoria)… Aun así, que nadie se me queje, que he hecho compartir espacio crítico a Menno Meyjes (el director) con nombres tan interesantes como Godard y Thomas Anderson. Como mínimo le concedo ese gusto.

Lo mejor: La simpática caja del principio.
Lo peor: Que la película exista.
publicado por Monica Jordán el 6 marzo, 2008

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