Definitivamente, no creo que estemos ante uno de los mejores títulos de los hermanos Coen.

★★☆☆☆ Mediocre

No es país para viejos

A veces creo que las motivaciones de los grandes realizadores para embarcarse en un determinado se nos escapan a los simples espectadores. Después de ver “No es país para viejos”, dudo de que la novela en que se basa, de Cormac McCarthy, tenga tampoco nada que ver con el producto final. Estoy casi convencido de que lo que empujó a los hermanos Coen a filmarla fue el descubrir, o bien en la novela o en la desquiciada mente de alguno de ellos, a un personaje tan fascinante y tenebroso como Antón Chigurh, el asesino interpretado por Bardem, que pasará sin duda a formar parte por méritos propios, junto a personajes tan entrañables como Haníbal Lecter, Max Cady o el mismísimo Norman Bates, de esa especial imaginería integrada por esos admirables moderadores de la superpoblación mundial.

Y es la verdad. No se me ocurre otro motivo. La película discurre con sus altibajos, con una extraña lentitud que llega a provocar el aburrimiento, por unos derroteros que van dejando cabos sueltos por todos lados a medida que avanzan. Demasiada confianza en la inteligencia del espectador, diría yo. La gente sale del cine comentando, dando su versión de los hechos que se acaban de ver, si tal o cual ha muerto o no ha muerto (los únicos muertos ciertos son los que Chigurh se encarga de contabilizar, y a veces ni eso), si a qué venía el incomprensible discursito final de Tommy Lee Jones, si dicho discursito, y otros que da el genial actor a lo largo del filme, encerraban alguna clave que se nos ha escapado a todos, si que donde está la pasta, si que donde está la droga…Demasiados enigmas, una incomprensible despedida de nuestro amigo Chigurh, una más que incompresible despedida del vaquero de buen corazón (Josh Brolin). Llega un momento, mientras pasan los minutos, que como ya digo a veces se hacen interminables, que uno espera con verdadera ansiedad la aparición de Chigurh, que se pone alegre ante su rostro tenebroso y blanquecino, con ese pelo imposible y una mirada que se clava en el alma. Asiste uno a sus evoluciones con el alma preparada, esperando a que haga uso de esa bombona que lleva siempre en la mano, como el gordo aquel de “El milagro de P Tinto” (¿podría acusárseles de plagio a los Coen por eso?), con el corazónm latiendo desbocado en el pecho. “Ahora, ahora…” decimos ilusionados mientras le damos con el codo al compañero de butaca… Y ahora, unas veces el bueno de Chigurh defrauda, y otras no. Y cuando acaba su escena, uno se relaja, se aplasta otra vez en la silla, se aburre viendo al vaquero de buen corazón, que lía todo por llevarle agua a un moribundo, se aburre viendo las charlas del viejete Tommy Lee Jones (supongo que la película se llama así porque al sheriff le desborda la nueva delincuencia con la que se está enfrentando), se aburre viendo las peores calles de EEUU y los más áridos desiertos, y se aburre, sobre todo, porque hace ya un tiempo que no puede atar cabos. 

No se puede dejar todo a la imaginación del espectador. Es necesario dar al menos unas pautas. Una película infinitamente mejor que esta, muy parecida, pero de magnífica factura, como era “Fargo”, no dejaba cabos sueltos. “Sangre fácil”, con lo enrevesada que podía parecer a priori, tampoco, y además desarrollaba un sutilísimo sentido del humor que en esta no aparece ni por el forro (a pesar de los pobres y efímeros intentos de Woody Harrelson, el eterno vaquero hortera). No, amigos, no estamos, ni mucho menos, ante una de las mejores películas de los hermanos Coen, por muchos oscars que le hayan dado, (puede que, precisamente, la lluvia de oscars sea un indicio de lo que estoy diciendo). “Ladykillers”, “El gran Lebowsky”, “Muerte entre las flores” o las dos mencionadas son infinitamente mejores que esta. Chigurh puede ser un hallazgo, pero es triste, gris, no tiene la infinita ironía de Lecter o de Max Candy (¿Abogadorr…?). Por sí solo no es capaz de levantar un producto que resulta a veces soporífero, hermético, con personajes que aparecen y desaparecen sin dejar rastro y sin aclarar qué hacían ahí.

No. Definitivamente, no creo que estemos ante uno de los mejores títulos de los hermanos Coen.

Lo mejor: El personaje interpretado por Bardem (y gracias, entre otras cosas, al doblaje que le han hecho. Es mucho mejor esa voz que la suya propia)
Lo peor: Los cabos sueltos, las incongruencias y la lentitud en ciertas escenas.
publicado por Felix el 10 marzo, 2008

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