Con estos dos protagonistas fantásticos, maestría técnina, hermosos visuales, partitura intrigante y toda la intensidad, puede que Mendes ni siquiera sepa por qué ha hecho su mejor película

★★★★★ Excelente

Revolutionary road

Toma un tiempo para que un director haga una muy buena película. Con esto me refiero a un film que no sólo contenga belleza visual o maestría técnica. Éstas eran cosas que reinaban sobre "Belleza Americana","Camino a la perdición" y "Sóldado Anónimo" (aquí mi crítica): pero la primera era muy lista acerca de sus propios límites, se creía mejor de lo que realmente era; la segunda era muy fría, muy exquisita y la tercera fallaba en atrapar al espectador por completo (aún cuando Jake Gyllenhal hizo lo mejor que pudo). Con "Revolutionary Road", Sam Mendes entra en un mundo completamente nuevo; el mundo de un film que despierta sentimientos en el espectador: el mundo de una muy buena película. 

Este nuevo mundo es de alguna manera también un mundo que conoce. El film se desarrolla en los suburbios, donde los Wheelers, Frank y April (Leo DiCaprio y Kate Winslet) se hacen una vida. También de alguna manera, el contexto es diferente a aquel con el que Mendes trabajó en "Belleza Americana"; son los 50 y las cosas eran decidídamente diferentes, pero el núcleo es el mismo: un infierno que está esperando aparecer en una paz que no parece correcta. La escena previa a la aparición del título podría muy bien ser "el primer día del resto de la vida de esta pareja", pero el lenguaje en el guión de Justin Haythe (adaptando la novela de Richard Yates) no cuenta con la filosófica y a veces pretenciosa búsqueda de significado del de Alan Ball.

Sin embargo, incluso cuando quiero, no es justo decir que "Revolutionary Road" es la mejor versión de"Belleza Americana". Este film tiene algo que al otro no le importaba mucho, y eso es cómo nos vemos en los ojos de alguien más; o mejor aún, por qué tenemos que vernos en los ojos de alguien más. Los Wheelers son una pareja sin convicciones. Hacen lo que hacen en la vida porque fue lo mejor que pudieron conseguir y eligieron no querer mpas. Un trabajo respetable y bien pago para Frank, dos divinos hijos, el rol de ama de casa amable en las manos de April…Esto es lo que el vecindario sabe acerca de los Wheelers: Helen Givings (Kathy Bates) piensa que son adobrables, así como su amigo/vecino Cheo (David Harbour). Sí, es todo verdad, pero el espectador tiene la chance de experimentar un poquito más. 

La tensión se desarrolla dentro de una imponente casa que la cinematografía de Roger Deakins captura como un escenario insoportable. Mendes trabaja esto desde todos los ángulos posibles: afuera de la casa la tensión puede sentirse, pero nunca cobra vida. Sin importar con quién estén compartiendo, luego de una primera y fascinante discusión en medio de la carretera, cada argumento ocurre puertas adentro. Hay una escena en la que Frank la persigue a April por el bosque, gritando levemente, pero no sobrepasa eso. En la casa, sin embargo, la pasión vuela por las paredes; entre la pareja, con los chicos cerca y con dos visitas particulares de un ser humano particular llamado John (un muy buen Michael Shannon).

Entonces? ¿Cuál es? Nos tiene que importar lo que la gente que está alrededor nuestro piensa? ¿Estamos haciendo nuestra propia vida o estamos sólo satisfaciendo los deseos de alguien más? ¿Y de quién son esos deseos? Cómo dije, el último film de Mendes da lugar para las emociones. Mucho se ha dicho de la reunión de Winslet y DiCaprio luego del éxito de "Titanic", y el hecho es que su trabajo aquí es brillante por las razones opuestas que hicieron su química posible en el film de James Cameron. Allí, no podían estar juntos, y la pasión y la relación era casi platónica; sus encuentros no duraban nada. Aquí, ya están juntos, y la relación ha perdido, con los años, una pasión que todavía es pasión. Pero no los quiere unir; es una pasión que está cansada de intentar mantener vivo algo que está muriendo. Gracias a Dios que DiCaprio un día decidió hacer sólo buenas películas, porque cuando gana en intensidad no lo supera nadie. 

Con estos dos protagonistas fantásticos, maestría técnina, hermosos (casi excesivamente correctos) visuales, partitura intrigante (sí, Thomas Newman) y la intensidad mencionada, puede que Mendes ni siquiera sepa por qué ha hecho su mejor película. No está en los gritos, el llanto y el sufrimiento de dos personas que está explicado al máximo. La verdadera grandeza yace -y creo que el director quiso que la gente pensara esto de todas sus películas pero nunca lo logró- en todo lo demás: en el silencio, las miradas de todos los involucrados en el relato, las decisiones que los personajes toman y tratamos de entender. Eso es lo que nos pega bien fuerte: el resto sólo aumenta el golpe. 

—9/10
publicado por Juan Pablo Schapira el 28 julio, 2009

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