Película de actrices, de buenas actrices; con un rodaje moderno; pero con una historia algo manida, el gran hándicap de la película que, lo siento, pero Daniels no consigue superar del todo.

★★★☆☆ Buena

Precious

Para promover la democracia en un país, y asegurar que sus ciudadanos luchen por defender la libertad y los derechos humanos, no hay herramienta mejor que la educación. Y todo lo contrario, para mantener el poder autoritario y dictatorial o bien se ampara uno con habilidad en la religión más fanática, o se busca un enemigo que justifique una política tan populista como falsa, o lo más práctico: se niega toda posibilidad de cultura. La película de Lee Daniels incide en esto último. Y desarrolla la tesis construyendo un particular -y duro- microcosmos entre cuatro paredes.



La cinta se basa en la novela “Push” de Sapphire y cuenta la vida de Precious, una adolescente de 16 años, obesa, victima de violaciones incestuosas y de tratos crueles por parte de sus padres. Realmente se trata de una versión más del cuento de La Cenicienta, pero en su adaptación más cruda. En aquella donde no hay salida para la explotada, donde la fantasía sólo habita en la mente de la protagonista y acude a ella para alejar la realidad más espantosa. Sólo la presencia del Hada Madrina (una profesora de educación alternativa) dejara ver una pequeña luz al final del camino donde el príncipe inmaterial (la cultura) intentará llevarla progresivamente hacia la libertad.

Para denunciar la oscura vida doméstica de Precious, el director opta por una puesta en escena caótica; sin ningún respeto por las normas estándar de rodaje, con una luz ínfima y con predominio de los colores encarnados. El ambiente claustrofóbico está tan conseguido que al espectador le falla la respiración al ver ciertas escenas violentas. Y hasta se pueden oler los guisos repugnantes que continuamente prepara la cenicienta de color por orden de su psicótica madre. Daniels aprovecha para arremeter contra la comida basura, y consigue que el adjetivo se transforme en un sustantivo de asquerosa literalidad. Mientras tanto, la cámara reposa en las secuencias que transcurren en el exterior de la casa. Pero sigue “nerviosa”, con un zoom espasmódico, cuando los diálogos reproducen en la mente de Precious las situaciones vividas.



Curiosamente, no ha sido el apartado técnico el premiado en la gala de los Oscar, donde la cinta se ha colado (últimamente viene siendo habitual que los miembros de la Academia dejen entrar películas de este corte, para rebajar algo la comercialidad descarada de los premios), sino que las mejores paradas han sido las actrices y el guión. De las primeras nada que objetar. La excelente actuación de la nominada –y debutante- Gabourey Sibide no puede ser más realista. Pero lo mejor es la interpretación de la madre. La oscarizada Mo’Nique fabrica un personaje muy desagradable, que consigue que la madrastra del cuento original quede como Santa Teresa de Jesús a su lado. La propia actriz reconoció que pasó por abusos sexuales en su infancia a cargo de su propia familia, y que estuvo a punto de rechazar el papel, pero que finalmente aceptó por motivos terapéuticos. Otra sorpresa de este apartado es la aparición de Mariah Carey en un registro muy alejado de su rol de estrella de la canción. Casi desconocida, muy bien caracterizada, se encarga de dar vida a una asistente social de forma eficaz, y hábil en la contención.

El otro Oscar, el de mejor guión adaptado, no puede ser analizado con justicia sin haber leído la novela, pero resulta paradójico que premien una historia tantas veces vista en la pequeña y en la gran pantalla -el gran hándicap de la película que, lo siento, pero Daniels no consigue superar del todo- muy previsible en su desarrollo y con un punto de dramón televisivo muy peligroso de cara a la calidad de la cinta.

Así las cosas, Precious resulta una película de actrices, de buenas actrices, con un rodaje moderno, pero con una historia algo manida. Recomendable sólo para los que tengan estómago (y no me refiero al tamaño, no hagamos chistes fáciles), pero no apta para ver en situaciones bajas de ánimo.
publicado por Ethan el 18 marzo, 2010

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