La excelente actuación de Murray, la belleza de Scarlett Johanson y la dirección de Sofia Coppola convierten a Lost in translation en uno de los films más originales del siglo XX y en un clásico instantaneo.

★★★★☆ Muy Buena

Lost in traslation

Después de sorprender la escena cinematográfica mundial, Sofia Coppola y su opera prima "The Virgin Suicides", vuelve a dar un golpe certero con su seguda película "Lost in translation" y comienza a formarse un nombre propio frente al enorme talento de su padre (Francis Ford Coppola) y demás miembros de la familia Coppola (Nicolas Cage, Jason Schwartzman). En esta ocasión el exito fue mayor, ya que, Sofia  entre otros premios y nominaciones, consiguió el Oscar a "Mejor Guión Original".

 

El film estuvo protagonizado por Bill Murray (en lo que poría ser su mejor papel) y la hermosa y talentosa Scarlett Johanson (en primera instancia el papel estuvo pensado para la musa de Coppola Kristen Dunst pero ella no pudo interpretar el papel por compromisos con Sam Raimi), sin embargo, no imagino a nadie más en el papel protagonico: Johanson actua maravilloso y además su belleza deslumbra en cada escena del metraje. La historia transcurre en Tokio (la producción es gringo-nipona) y el argumento podría resumirse en la incapacidad de comunicarse completamente con el exterior de los dos personajes americanos hospedados en un lujoso hotel de la capital japonesa. Murray interpreta a un actor de mediana edad que visita la ciudad nipona para una sesión fotográfica y Scarlett es la joven esposa de un fotográfo que por cuestiones de trabajo llegaron a Japón. Los dos tristes, melancolicos y (reitero) incapaces de comunicarse en un país extranjero con las demás personas, chocan culturalmente y se introducen en un aburrimiento total. Esta condición no sólo conlleva fracaso sentimental sino que los arroja a conocerse en el bar del hotel. Una escena que me parece genial, es cuando Johanson harta de la situación telefonea a su hermana. La conversación es cruda, su hermana no la escucha. Entonces nos damos cuenta que esta incomunicación no sólo existe entre fronteras como la cultura Occidental y Oriente, sino que en nuestras propias vidas y en nuestro circulo social estamos incapacitados de expresar lo que sentimos. Es por eso que vivimos inmersos en el dolor. 

La historia se va entrelazando conforme estos dos personajes se siguen conociendo. La identificación de sus problemas, la explosión de euforia al sentirse liberados de la rutina y la interesante comunicación de miradas complices convierte esta atípica historia de amor en un manifiesto de la soledad y la imposición de las relaciones en Occidente. Las relaciones donde nadie escucha, nadie habla. Todo se pierde metaforicamente en el habla de lo vacío. Más aún se pierde en la traducción de los sentimientos genuinos. 

Es un film altamente recomendable, con una fotográfia que retrata la ciudad de Tokio perfectamente. Inmersa en su moda, en la iluminación infecciosa, en la tecnología, en el movimiento constante de la gran urbe y el balance de sus templos y sus tradiciones ancestrales. 

Lo mejor: La actuación de Murray.
Lo peor: Todavia falta pulir la técnica de Sofia. A veces se siente débil la narrativa.
publicado por Davo Valdés el 26 julio, 2009

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