Un más que necesario soplo de aire fresco en un mercado sobresaturado de psicópatas sanguinolentos y cansinos niños fantasmas con los ojos rasgados.

★★★★☆ Muy Buena

La niebla de Stephen King

Shakespeare viene a ser para Kenneth Branagh lo mismo que Stephen King para Frank Darabont, ya que con éste son tres los relatos del rey del terror que Darabont ha adaptado para la gran pantalla (Cadena perpetua y La milla verde son los anteriores). A la tercera va la vencida, según dicen, y el director nos regala el que puede ser su mejor trabajo (al menos para mi humilde y demente opinión), sin embargo la cosa no sale redonda del todo. The Mist es una apuesta fuerte y a contracorriente, pero no exenta de ciertos maniqueísmos fatigosos que ya sobresalían en sus anteriores trabajos.

La película transcurre en un supermercado de pueblo que se convierte en el último bastión de una pequeña localidad americana, donde sus habitantes deben enfrentarse al horror inimaginable que trae consigo un frente de niebla y… hasta aquí puedo leer. Hay que ser muy prudente al hablar de esta cinta para no desvelar todos sus secretos, ya que la historia cobra más fuerza cuanto menos se sabe de ella, por eso, y para no ser un aguafiestas, un cenizo y un revienta pelis, dejaremos esta ambigua sinopsis tal como está (espero que valoren el esfuerzo, ¡con lo que me encanta a mí despotricar y spoilear a diestro y siniestro!).

Aunque tal vez no sea su faceta más conocida, la relación de Darabont con el cine de terror viene de muy atrás, de cuando escribía guiones de películas tan alevosas como Pesadilla en Elm Street 3, El terror no tiene forma o La mosca 2. De antaño también le viene su fascinación por Stephen King, aunque esta es la primera vez que combina ambas debilidades en un solo filme, y lo hace con auténtico pedigrí de serie B (la clásica, no la mierda que nos hacen tragar ahora). Ya desde la primera escena el director pone las cartas sobre la mesa y nos cuela un guiño a La cosa de Carpenter, a partir de ahí los referentes se hacen evidentes: la sci/fi de los 50, la cosmogonía lovecraftiana, la serie B más verdulera y, porque no, El señor de las moscas. Como ven, nada nuevo, nada que no se haya hecho antes, pero que hacía tanto, tanto, que no se hacía bien, que uno no puede más que recibir esta propuesta como agua de mayo. The Mist es un más que necesario soplo de aire fresco en un mercado sobresaturado de psicópatas sanguinolentos y cansinos niños fantasmas con los ojos rasgados.

La lograda atmósfera (que puede recordar a la de ciertas producciones ochenteras), el buen uso del tempo narrativo, un enfoque adecuado de lo fantástico, la acertada y progresiva gestión del suspense y el solvente trabajo de los actores, nos demuestran lo curtido que está Darabont en esto de hacer películas, sabiendo en todo momento cuando ser sugerente y cuando explícito, cuando sutil y cuando muy, muy gráfico, e incluso rozando a veces el gore. Es este justo equilibrio el que mantiene en vilo al espectador, que queda atrapado por la sensación de desazón y de amenaza constante. El factor humano también es muy importante, teniendo especial relevancia la típica fanática religiosa que sale en todas las novelas de Stephen King y que aquí interpreta de forma magistral Marcia Gay Harden (actriz que da más canguelo que cualquier monstruito digital).

Sobre el polémico final mucho se ha escrito ya y no es para menos, porque la cosa trae cola. Como desenlace cuela perfectamente y es cien por cien verosímil dentro de la trama (nada que ver con uno de esos giros argumentales forzados y estúpidos propios de la filmografía de Ashley Judd), aunque su valor dramático es cuanto menos cuestionable, ya que le otorga a la obra una innecesaria profundidad. Aún así se desmarca de lo que nos tiene acostumbrados la siempre complaciente maquinaria hollywoodiense y eso se agradece.

The Mist es, en definitiva, una película de género muy bien hecha, llena de momentos espectaculares y de mucha tensión, y que juega hábilmente con el espectador. Un cinta de puro entretenimiento terrorífico a la antigua usanza, que quizás me hubiera pasado desapercibida sino llega a ser por el sabio consejo del Sr Pons.

La frase: “El día que necesite una amiga como usted, me pondré de cuclillas y defecaré una.”

Lo mejor: Frank Darabont y ese toque clásico de serie B.
Lo peor: Los efectos especiales cantan un poco.
publicado por Cecil B. Demente el 5 mayo, 2008

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