Ustedes no podrán creer que estamos ante una revolución en el cine , pero les aseguro que, aplicando la mirada adecuada, tras su visionado saldrán, ustedes, renovados, por convicción y gusto cinefilófago. Todo está en la pantalla.

★★★★★ Excelente

Speed Racer

Estamos ante un cine nuevo, menos en su lenguaje que en el tratamiento de las manifestaciones culturales que lo excusan para ser pura orfebrería naïf. Ésta brilla en el ensamblaje y los ritmos de la imagen, y sus atributos: diseño, color, luz, posición sincopada y juguetona de los perfiles en un escenario "pop" que, incluso resultando excesivo a ojos del espectador, es un equilibrado ejercicio aglutinador de los referentes, los movimientos y la satírica venalidad que impulsa la narración. Como dijo aquél, "tan apetitosa y fácil de metabolizar como desconcertante en su descarada exposición retro y revisionista".

Lenguaje o tratamiento de los clichés. Es decir, la perfecta armonía hacen de la nueva película de Andy y Larry Wachowski una pieza en la que forma y fondo son invisibles frente a la cohesión entre signos. Resulta en extremo meritorio que tanta profusión y desmesurado artificio verbal y visual (Kistch a conciencia) tengan la precisión y claridad de un clásico. Esto, claro, estando más allá de las verdaderas intenciones de sus creadores. ¿O tal vez no?.

En todo caso, el guión y la caracterización de personajes, siempre avanzando hacia una tensión dramática que late en el fondo de la ironía y la sátira ( la lucha entre valores espirituales referentes a la familia y la amistad contra la corrupción)es la misma expresión escrita, dinámica, inocente e irreverente ante los tópicos del "cine familiar, cine para todos", que se solapa con el barroquismo visual, en el que los ritmos del escenario y de la escenografía convergen en aquellos siendo única expresión narrativa.

Espectáculo generoso, desnudo, iluminador. La yuxtaposición de personajes, tiempos y transposición de estados emocionales desde el pasado hasta el presente en el linaje Speed, perspectivas varias ante el desarrollo en las carreras de bólidos, el constante flujo de imágenes es arrollador a la vez que ilustra un espléndido momento de inspiración cinematográfica partiendo de estilemas del noveno arte. Y, por favor, no es una cuestión de comparaciones entre criterios estéticos. Es su perfecto funcionamiento, el montaje magistral, aunque se pueda argumentar que no hay originalidad en las estructuras visuales. Si tenemos música en imágenes y palabrás no necesitamos discutir las notas y la sintaxis. Ahora más que nunca hay que echar mano de la valoración intuitiva.

Tan juguetona y endiablada, tan inocente y dramática. Ustedes no podrán creer que estamos ante una revolución en el cine (de hecho, quién esto escribe lo hace impulsado, ahora sí, por una mera emoción subjetiva, y no se lo cree más que a nivel intuitivo), pero les aseguro que, aplicando la mirada adecuada, tras su visionado saldrán, USTEDES, renovados, por convicción y gusto cinefilófago. Por su natural brío visual, por lo que sencillamente es, en su estado de perfección como futura obra de culto y joya inexcusable. Sin vuelta de hoja. Pasen, rían, griten, lloren y no se olviden del merecido aplauso final. Todo está en la pantalla.
publicado por José A. Peig el 11 mayo, 2008

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