La vida sin Grace es una película mucho más ambigua de lo que aparenta en primera instancia: bajo su pátina de drama en clave de road movie se esconden múltiples lecturas, que bien pueden dar mucho que hablar.

★★☆☆☆ Mediocre

La vida sin Grace

La vida sin Grace (Grace is gone) es la ópera prima de James C. Strouse, por la que obtuvo el Premio del Público en el Festival de Sundance 2007.

Protagonizada por John Cusack, Alessandro Nivola, Shélan O’Keefe, Gracie Bdenarczyk, Mary Kay Place, Doug Dearth, Michael Thomas Dunn y Brian Patrick Farrell, y con la colabnoración de Clint Eastwood en la banda sonora -lo cual le valió sendas nominaciones a los Globos de Oro-, La vida sin Grace cuenta la historia de Stanley Philipps, quien acaba de recibir la noticia de que su mujer, soldado en la guerra de Irak, ha fallecido en acto de servicio. Su mundo se derrumba y Stanley no puede permitirse ni llorar: tiene dos niñas. Incapaz de darles tan trágica noticia, Stan decide llevárselas de viaje, tanto para ganar algo de tiempo como para concederles un momento de felicidad.

La vida sin Grace es una película mucho más ambigua de lo que aparenta en primera instancia: bajo su pátina de drama en clave de road movie se esconden múltiples lecturas, que bien pueden dar mucho que hablar.

En apariencia, La vida sin Grace es una tragedia intimista que oscila entre un malabarístico uso de la sugestión y cierta tendencia a los tipismos que la aproximan peligrosamente a la estética (en su contexto peyorativo) del más puro estilo telefilm. En este aspecto, y pese a que la película de James C. Strouse cuenta con un John Cusack acertado en su contención y unas jóvenes secundarias bastante solventes, su director abusa en exceso de una cámara contemplativa a ritmo de piano que pasa de evocar en sus primeros compases a resultarnos tremendamente anodina, en una extenuante compilación de partes traseras de vehículos y habitaciones vacías que pierden toda su fuerza con la sobreexplotación a la que se ve sometido dicho recurso.

Y eso que la película no llega a los 85 minutos, títulos de crédito incluídos.

Por otra parte, uno debe reconocer el acertado tratamiento de sus personajes, focalizados en un John Cusack parco en palabras pero contundentemente explícito en su expresión corporal, que nos otorga puntuales secuencias ciertamente cargadas de fuerza dramática, del mismo modo que sus dos jóvenes partenaires, válvula de escape para una cinta bastante reiterativa tanto en recursos como en ideas, ejemplarizados en la manida secuencia final a la orilla del mar y su posterior-e innecesario- epílogo.

Pero, más allá de sus pros y sus contras, La vida sin Grace puede tener una lectura mucho más ambigua, en la que por momentos parece que trata de humanizarse a la figura del soldado a través del sufrimiento de su entorno, en un momento en el que la popularidad del ejército estadounidense se encuentra en sus horas más bajas. A eso cabe sumarle la figura del propio John Cusack, en realidad más próximo al arquetipo de perdedor nato que al de ciudadano corriente: un ser débil física y mentalmente, incapaz tanto de afrontar la realidad como de superar las pruebas necesarias para enrolarse en el ejército y servir a su país -tal era su deseo-, ese país que defiende, para bien o para mal, los derechos de vagos e indeseables liberales como su propio hermano, un treintañero en paro de apariencia casi hippie que se queja de todo pero que no se toma la molestia de ir a votar el día de las elecciones.

Pero, seamos realistas, La vida sin Grace no pretende enviarnos tamaño mensaje subliminal. Simplemente resulta tan lenta y anodina en su cómputo global que deja demasiado tiempo libre al espectador para elucubrar todo tipo de maquinaciones y supercherías baratas.
publicado por Oscar Martínez el 31 mayo, 2008

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