The Mist no es una obra perfecta, y sin embargo posee la fuerza narrativa del cuento de terror clásico y de la serie B más hiriente; materialización de turbulencias psíquicas mediante la incursión de elementos sobrenaturales que nos descubren lo peor

★★★★☆ Muy Buena

La niebla de Stephen King

The Mist no es una obra perfecta, y sin embargo posee la fuerza narrativa del cuento de terror clásico y de la serie B más hiriente; materialización de turbulencias psíquicas mediante la incursión de elementos sobrenaturales que nos descubren lo peor de la condición humana. Las dos grandes tradiciones del horror confluyen en un filme en el que lo verdaderamente terrorífico es el propio ser humano enfrentado a sí mismo, ya desde las primeras secuencias en las que puede palparse las insanas relaciones entre los miembros del vecindario. La niebla que aprisiona al colectivo protagonista de la parábola, es la "contraimagen" ( no es un uso caprichoso del término, ya que la puesta en escena sitúa al grupo humano escenificando el drama frente a la cristalera que los separa de la tiniebla exterior) de ese estado de cosas en la que la desorientación, la paranoia, la desconfianza, y el odio al prójimo tejen una red de confusión e histeria que alcanza la debida intensidad en un relato protagonizado por caracteres tan directamente humanos y sensibles como siniestros.


Frank Darabont no limita la expresión a la sensación claustrofóbica a base de clichés e imitaciones habidas y por haber en el terror clásico, sino que arriesga el conjunto llevándolo hasta la reflexión antropológica, y es en ese punto donde el planteamiento puede descubrir una cierta indefinición, discutible, pero que en cualquier caso no estropea la implacable construcción de un terror puro. Lástima que abuse de los planos cortos, zooms innecesarios y imagen propia de telefilme en una película que exige un tratamiento visual más sobrio que aglutine la estructura coral con el encuadre preciso que perfila el conjunto de humanos en el escenario del conflicto (el supermercado) frente al blanco de lo incierto que se oculta al otro lado de la vidriera. Algo que Darabont sí aprovecha en algunas secuencias, pero resulta chocante el cambio brusco de estilo, desde la precisión clásica hasta la realización con cámara en mano.

El relato habla del sentimiento religioso como subterfugio en un mundo dominado por el miedo y la incertidumbre (terrorífica y odiosa Marcia Gay Harden), y de la tenacidad de quienes se atreven a desafiar la tiniebla, todo ello en un marco de ciencia ficción que nos retrotrae a Lovecraft y a la lucha supervivencialista con un final que castiga la iniciativa y la racionalidad de los más tenaces, mientras que deja en suspenso o premia la conducta irracional de los más débiles. ¿Por qué fracasan los héroes?. ¿Por qué sobreviven los fanáticos religiosos?. El final, efectista y caprichoso, deja el regusto amargo típico de una alegoría desoladora, tanto como rompe la lógica interna.


Virtuoso extrañamiento…
publicado por José A. Peig el 6 junio, 2008

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