Si en el anterior filme se quedaron con ganas de ver al coloso esmeralda repartiendo la pana a base de bien, esta es su película.

★★★☆☆ Buena

El increíble Hulk

Acaba de llegar a nuestras pantallas la segunda película de Marvel Studios tras el reciente éxito de Iron Man, una cinta que comparte con ésta el mismo sentido del entretenimiento, la facturación visual, el tono, y tropecientas cosas más, ya que ambas, en definitiva, pasan en el mismo universo. Se ve que la Casa de las Ideas quedó algo descontenta con ese Hulk repleto de psicología freudiana y filosofía zen que se sacó de la chistera Ang Lee ahora hace cinco años, un Hulk que no funcionó en taquilla y que a mí personalmente me encanta, pero reconozco que se aleja bastante del cómic del que proviene. Con el boom superheroico que estamos viviendo en los últimos años, la peli de Ang Lee se había convertido más en un grano en el culo que en otra cosa, así que los mandamases de Marvel (menudos son ellos) dijeron: borrón y cuenta nueva, aquí no ha pasado nada; por lo que han vuelto a empezar la franquicia de cero y se han pasado por el forro de los cojones todo lo sucedido en la peli de marras, ¿sorprendidos? ¡Eso es que no han leído cómics en su vida!
 
La historia empieza con el doctor Bruce Banner en Brasil, dedicándose al próspero negocio de embotellar radiación gamma y venderla a los niños como si fuera coca cola, aunque no le faltará tiempo para proteger el honor de sexis y sudorosas operarias con cuerpo de top model (¡esto es vida!). Las cosas empezarán a torcerse cuando uno de los pedidos llegue a manos de Stan Lee, un viejo verde que ya no tiene cuerpo para meterse según qué sustancias psicotrópicas y claro, al ingerir una bebida tan rica en radiación gamma le da un jamacuco. El ejército tiene que tomar cartas en el asunto, por lo que el general Trueno Ross envía a Brasil una tropa de sus mejores hombres, capitaneados por Emil Blonsky (un tipejo con muy malas pulgas y que le copia las frases a Rambo). Dicho comando consigue desmantelar el chiringuito que tiene montado el doctor, pero no consigue atraparlo, porque el condenado, para ser un científico enclenque y debilucho, corre que se las pela. Banner, ya en la ruina más absoluta y sin nada más que ponerse que unos pantalones raídos, regresa a Estados Unidos buscando consuelo en una antigua novia llamada Betty, una moza de su pueblo de muy buen ver que aun consigue subirle la bilirrubina. Pero el tal Blonsky tiene muy mal perder y no quiere dejar las cosas tal y como están, así que se toma una sobredosis de los cereales que le daban al Capitán América de niño y sale en busca del doctor, con el propósito de ajustarle las cuentas y ponerlo verde.
 
El realizador de todo esto es un tal Louis Leterrier, un franchute amigo personal de Luc Besson que se ha dedicado a dirigir películas ricas en testosterona y patadas voladoras, como son Transporter 1 y 2 y Danny the dog. En el papel del científico con desorden de personalidad más famoso del cómic tenemos a Edward Norton, un actor bastante decente pero que solo ha hecho un par de películas interesantes (a mi me gustan El club de la lucha, Todos dicen I love you y para de contar, pero es que yo soy muy mío). El toque femenino (uséase las curvas) lo pone Liv Tyler, actriz jamona que nunca ha aparecido tan arrebatadora como en Belleza robada y que aquí se lleva la peor parte de la trama, ya que su personaje es el que aporta todos los momentos cursis y ridículos de la cinta, amén que al avanzar la acción se va pareciendo cada vez más a una figura recortable. Como militar bruto e iracundo tenemos, con un kilo de maquillaje, al veterano William Hurt, con un aspecto bastante casposillo, todo sea dicho, y en el papel del malo maloso está Tim Roth, uno de los actores fetiche de Tarantino que de sobras tiene esa mala leche que todo villano necesita.
 
También encontramos en la cinta los homenajes y cameos de rigor, así que se pueden ver en pantalla a Stan Lee, Lou “rompe camisas” Ferrigno e incluso el espíritu catódico de Bill Bixby, ya que aquí hay una aproximación mayor que en la anterior película a la serie televisiva de los años setenta, tanto que incluso en algún momento melodramático se recupera la sintonía de aquella serie (ya saben, aquel piano tan plasta). Pero el mayor acierto de la peli reside en haber introducido varios elementos que pululan por la actual colección de cómics, nos estamos refiriendo sobretodo a los que forman parte de la etapa guionizada por Bruce Jones (los que la sigan, ya sabrán a lo que me refiero), la forma de presentarnos al monstruo y algún que otro arco argumental, le debe mucho a ese cómic.
 
Se puede decir de ésta lo mismo que de tantas otras películas superheroicas de reciente cuño, que tiene un arranque espectacular y prometedor pero que va perdiendo pistonada cuanto más protagonismo va cobrando la acción, hasta llegar a un clímax final tan repleto de tirabuzones digitales como de agujeros argumentales. También es verdad que la peli da lo que promete, acción monda y lironda sin complejos y algo de humor. Si en el anterior filme se quedaron con ganas de ver al coloso esmeralda repartiendo la pana a base de bien, esta es su película, que aunque no pase la ITV, debo advertir que me ha divertido soberanamente y que como entretenimiento ocasional cuela perfectamente, también es verdad que le tengo cierto aprecio al personaje, de peque era mi superhéroe favorito de Marvel y eso pesa mucho. Sepan que si algún día este servidor tiene descendencia, de ser niño le pondremos Clark, y si es niña, La Masa.
 
La frase: “Oye, podría enseñarte alguna técnica para ayudarte a controlar esa ira.”
Lo mejor: El principio, las dos primeras transformaciones y Hulk apagando un incendio mediante un estampido sónico de sus palmas, es lo más.
Lo peor: Que la trama y los personajes se desdibujan cosa mala a medida que avanza el metraje.
publicado por Cecil B. Demente el 23 junio, 2008

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