Dos elementos son realmente interesantes de Grace is gone o La vida sin Grace: Que podría suceder en un contexto completamente distinto, y que sucede, en efecto, en ese contexto.

★★★☆☆ Buena

La vida sin Grace

Y continúan nomás los coletazos de la guerra de Irak. Los norteamericanos no se cansan de sumar una pila de dramas en los que se empeñan en contarnos los daños, directos o colaterales, de la guerra en la sociedad. Dos elementos son realmente interesantes de Grace is gone o La vida sin Grace: Que podría suceder en un contexto completamente distinto, y que sucede, en efecto, en ese contexto. El hecho que pueda suceder en un contexto distinto la aleja de otras producciones más impregnadas de actualidad. Aquí de lo que se trata, en líneas generales, es de un padre que no se atreve a decir a sus hijas que su madre ha muerto, que no va a volver de la guerra. Ahora bien, descartando las patéticas discusiones políticas entre Stanley (el padre, interpretado por un enorme John Cusack), y John (Alessandro Nivola), que básicamente podrían dividirse entre republicanos (Stanley) o demócratas (John), o en el falso debate sobre los que son o no “patriotas”, hay otra idea que puede extraerse de este contexto. Si toda la película gira en torno a la pérdida de la inocencia de las hijas, especialmente de la mayor, quien de a poco comienza a darse cuenta el verdadero propósito del viaje que ha organizado su padre, la línea paralela que puede leerse es la pérdida de la inocencia del padre, quien posee una férrea convicción sobre el deber de defender su patria. Lástima que esa línea evidente queda en un potencial solo explotado en esa discusión típica entre el adulto conservador, y el adolescente tardío con ideas demócratas.

El resto se inclina al drama puro y duro, con una sobresaliente actuación de Cusack, cuyos momentos más flojos suceden cuanto más lo vemos a él en pose seudo-autista, con los hombros encogidos, y sin saber cómo acercarse a sus hijas, y el férreo contrapeso que representa Shélan O’Keefe, quien interpreta a la hija mayor, y que muestra unas sorprendentes dotes actorales a la hora de componer un personaje con un arco dramático tan claro como complejo. Los que hayan visto la argentina Kamchatka, y separando los trasfondos políticos y temporales de una y otra, notarán cierta similitud en la composición de los dos hermanos/as: El/La mayor, comenzando a perder la inocencia y a entender el mundo que lo/la rodea, y el/la menor, completamente abstraído de lo que sucede a su alrededor, jugando y saltando en la cama todo el tiempo. Quizás los mayores defectos de esta propuesta provengan de una dirección con varios momentos pobremente resueltos, del poco aprovechamiento que se hace de la línea política del protagonista, y su consecuente arco dramático, y de una trama con un notable exceso de momentos bajón, que lamentablemente no nos priva del plano con las niñas llorando al enterarse de lo ocurrido. Hay una cosa denominada ética, que algunos directores parecen desconocer, pero eso ya es otro tema, aunque no hubiera estado mal evitar ese plano, total se entiende lo que sucede sin necesidad de ver las pobres caritas de las niñas. Torpezas y debilidades de directores que no saben narrar sin ser obvios. Hoy por hoy, uno de los grandes males que aqueja a Hollywood.

publicado por Leo A.Senderovsky el 24 junio, 2008

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