Una apabullante serie de golpes bajos y subrayados dramáticos, mas algún vuelco narrativo innecesario pasada la primera hora de película, que determinará una segunda parte aún más cruda, violenta y absurda que la primera.

★★☆☆☆ Mediocre

Sentencia de muerte

Sí, ya sabemos a qué nos suena. Se llamó Death wish (El justiciero de la ciudad, tal su título en España, o El vengador anónimo, como se la conoció en Latinoamérica), data de 1974, y tuvo 4 secuelas, todas con Charles Bronson. Se la conoce tanto por su contenido reaccionario, como por haberse convertido en un film de culto. La historieta es por todos conocida, no hay nada nuevo bajo el sol. Ambas parten de la novela de Brian Garfield. En este caso, tenemos un guión que rayana el ridículo, con un alto ejecutivo (para colmo de males, vaya paradoja, vicepresidente de una compañía de seguros) convertido en vengador de la muerte de su hijo. Las primeras imágenes nos muestran todos los clichés habidos y por haber de la típica familia feliz que terminará desmoronándose. Vaya a saber uno por qué, pero han decidido que, hasta la muerte del joven, se hagan demasiadas referencias a lo que va a suceder (enumeren, por ejemplo, la cantidad de veces que Nick, el padre, dice la palabra “matar” como parte del diálogo cotidiano).

Después, lo que ya se sabe, la muerte del chico, narrada de la manera más gratuita posible, y la posterior venganza del padre, que llevará a una apabullante serie de golpes bajos y subrayados dramáticos, mas algún vuelco narrativo innecesario pasada la primera hora de película, que determinará una segunda parte aún más cruda, violenta y absurda que la primera hora. La dirección de James Wan, más acertada en la primera parte, intenta con suma destreza, particularmente en el uso de la steadycam, ignorar el facilismo del guión. Claro que, no solo no lo logra, sino que por momentos parecería encabalgarse en ese facilismo para construir las violentas escenas del final. Y tenemos a Kevin Bacon, que será infinitamente mejor actor que Charles Bronson, pero definitivamente carece del encanto proto-fascista de aquel. Y aparece también John Goodman, quien por momentos parecería devorarse a Bacon y a todo el elenco, y cuya brutalidad y tosquedad (la de su personaje) podrían indicarnos donde encontrar el verdadero espíritu Bronson, en medio de tanta violencia gratuita, tantos elementos vistos hasta el hartazgo, y un exceso descomunal de subrayados, que estupidizan por completo la propuesta.

publicado por Leo A.Senderovsky el 24 junio, 2008

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