Pequeño tour por la distendida y superficial juventud yanqui.

★★★☆☆ Buena

Algo pasa en Las Vegas

Pequeño tour por la distendida y superficial juventud yanqui: Joven desempleado (despedido de su trabajo por su propio padre), despreocupado, inmaduro, pero con dinero suficiente para un recreo en Las Vegas, y un recreo más largo en su propia casa, hasta pensar qué es lo que realmente desea hacer con su vida. Joven (no tan joven, en realidad) abandonada por su novio, siempre enérgica, con buen pasar laboral y muchas ganas de renunciar a ese trabajo (no a esa vida por supuesto), y, por supuesto, con dinero suficiente para un recreo en Las Vegas. En ese recreo, enredos mediante, se despiertan casados y poco después, se convierten en ganadores de tres millones de dólares. La cifra, convertida en bien matrimonial, se vuelve objeto de conflicto entre ambos, quienes deben pasar, licencias de comedia mediante, seis meses de convivencia, intentando hacer que el matrimonio funcione, para poder acceder al dinero.

Podríamos pensar que para estos dos eternos adolescentes, tres millones de dólares no sería cifra suficiente para semejante batalla. Sin embargo, este hecho es completamente irrelevante. La idea de mostrar en envase de comedia romántica una suerte de guerra de sexos entre dos personas que carecen de todo tipo de preocupación económica, nos recuerda a las grandes comedias de los cuarenta, particularmente las protagonizadas por Cary Grant y Katherine Hepburn. Esas comedias, completamente revolucionarias para su época, se atrevían a cuestionar con todo desparpajo la institución matrimonial. Algo pasa en Las Vegas (muy mala traducción del título original What happens in Vegas, que alude a la conocida frase “Lo que sucede en Las Vegas, queda en Las Vegas”), si bien no cuenta con la excelente química que existía entre parejas memorables como la de Grant y Hepburn (Diaz y Kutcher comulgan más cuando pelean que cuando comienzan a enamorarse), juega al mismo desparpajo de aquellas comedias románticas, y muestra a Ashton Kutcher en su mejor momento como comediante y a Cameron Diaz más bella que nunca (a excepción de su inolvidable presencia en La máscara), junto con excelentes secundarios, como el del eterno secundario de comedias Rob Corddry, a cargo de Steve, el poco iluminado amigo de Jack (Kutcher). A favor, las muy graciosas secuencias que genera la batalla entre ambos. En contra, la sobreexplicitud de los diálogos en el romántico desenlace, que nos deja pensando por qué en los cuarenta no veíamos este tipo de “bajadas a diálogo” de los sentimientos de los personajes, y ahora sí, como si el público se hubiera vuelto tan idiota como los personajes que vemos en pantalla, a quienes, con su gracia y carisma, podemos perdonarles cualquier cosa, salvo los obvios diálogos del final.

publicado por Leo A.Senderovsky el 24 junio, 2008

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