Desde el timing ideal hasta las justas dosis de entretenimiento y reflexión, adecuadas para una película mayor en una cinematografía algo despareja, pero siempre original, de dos hermanos que viven reinventando y cruzando géneros cinematográficos.

★★★★★ Excelente

No es país para viejos

No es país para viejos ganó “Mejor película”, “Mejor director”, y “Mejor actor de reparto” en la última entrega de los Oscar, tres días atrás. Compitió con otra muy buena película, Pozos de ambición, que logró llevarse, merecidamente, el Oscar a “Mejor actor” para Daniel Day Lewis. No es un dato menor. Ambas son preciosas pinturas de eso que allá en el norte llaman “América”. Las dos muestran territorios desolados, pero en tiempos bien distintos. Pozos de ambición se retrotrae a la gestación de la “América petrolera”, mientras que No es país para viejos habla desde el presente, con el tráfico de drogas como centro de poder y violencia. Las dos muestran la decadencia de una sociedad, la primera explorando la consabida decadencia que lleva en sus genes el florecimiento económico, esta muestra la decadencia que genera la acumulación de dinero sucio. Hay dos diferencias fundamentales entre una y otra. Pozos… es de alguna manera víctima de su “ambicioso” argumento, que ya de por sí la ubica en un espacio discursivo determinado. No es país… llega a una reflexión similar con un relato en apariencia menor, menos “importante”. P. T. Anderson, en Pozos… utiliza una música que va a contramano del resto de los elementos de la película, y su exceso produce un efecto abrumador, como mencioné en la crítica de aquella “le falta silencio”.

Los Coen, en No es país… hacen del silencio una biblia. Pocas palabras, nada de música, enfatizan la puesta en escena. Fieles a su exploración del habla en las distintas regiones, Joel y Ethan Coen vuelven sobre este aspecto, indagando en el profundo y oscuro sur de Estados Unidos, con un relato maduro, movilizador, de paso lento pero firme, y con Javier Bardem a la cabeza de grandes actuaciones. Lo criminal es nuevamente un tema central del cine de los Coen, recurrente hasta en sus mayores comedias. Sin embargo, No es país para viejos tiene desde el timing ideal hasta las justas dosis de entretenimiento y reflexión, adecuadas para una película mayor en una cinematografía algo despareja, pero siempre original, de dos hermanos que viven reinventando y cruzando géneros cinematográficos (suspenso, western, comedia, etc), mientras se hacen siempre la misma pregunta: “¿Cómo pintar con fidelidad la sociedad americana?”

publicado por Leo A.Senderovsky el 24 junio, 2008

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