Más allá de sus notables efectos especiales y su decente construcción de la acción, no hace más que afectar la imagen cinematográfica a un valor considerablemente menor, reduciendo el cine a un golpe de efecto extendido durante ochenta minutos.

★★☆☆☆ Mediocre

Monstruoso

Permítaseme esta expresión: Ufff… Quizás cierto conservadurismo propio, me provoque un dejo de intolerancia para con determinados productos. Hay que decirlo, se preveía que en algún momento el cine de estudios iba a llegar a algo así. Ya desde El proyecto Blair Witch se observaba las consecuencias que provoca el golpe de efecto publicitario, cuando se erige un testimonio falso y se lo vende como verdadero, como así también el resultado de cruzar el video hogareño con el cine. Monstruoso no produce el mismo efecto porque de entrada sabemos que esto es ciencia ficción y no un documento hallado en el lugar, como se advierte al comienzo de la película. Hay una propuesta que se mantiene desde el principio hasta el final de la película, y es una cámara de video hogareña como único punto de vista de la acción. Esta arriesgada limitación produce una imagen en constante vértigo, estableciendo más confusión que interés por lo que se narra. Por otro lado, no es difícil observar que el personaje-camarógrafo (de quien se sabe que nunca antes había agarrado una cámara) consigue, en momentos muy precisos de la película, establecer buenos encuadres, lo cual contribuye a echar por tierra la pretensión realista de la propuesta. Ahora bien, como experimento está bien, es tolerable y hasta entretenido. Como película, Monstruoso nos obliga a enfrentar ciertas cuestiones que se vienen planteando desde hace años: ¿Qué sucede hoy con la imagen cinematográfica? ¿Acaso cierto descreimiento, cierta desconfianza para con su belleza y prolijidad, hace que se busque en otros formatos el realismo que la imagen cinematográfica no parece proporcionar? ¿Se debe integrar las nuevas tecnologías de video hogareño al mundo del cine? ¿De qué manera se deben combinar ambos formatos? Si bien hay mucho cine que aprovecha la imagen digital como vehículo estético y narrativo, integrando esta tecnología al cine (más allá de los ejemplo de películas, pensemos en el concepto de “videoarte”, toda una disciplina al servicio de esa experiencia), Monstruoso parece ir por el camino opuesto, en su afán de limitar la puesta a la cámara casera, reduce el cine al valor de un video hogareño.

Más allá de sus notables efectos especiales y su decente construcción de la acción, no hace más que afectar la imagen cinematográfica a un valor considerablemente menor, reduciendo el cine a un golpe de efecto extendido durante ochenta minutos, mientras que el hermetismo publicitario alrededor de su estreno se ocupa de generar la expectativa necesaria para llenar las salas (lo mismo que Blair Witch, nada nuevo bajo el sol). Si objetamos la degradación visual en todo sentido, pensemos un momento el efecto que produce el uso constante en noticieros de imágenes obtenidas por teléfono celular, en su afán de totalizar la información, convirtiendo a todo televidente en un potencial camarógrafo, tal vez la premisa más falsa surgida en el mundo de los medios masivos. ¿Qué nos queda para el cine el día de mañana? Imaginemos lo que sucedería si una “major” se ocupara de producir una película íntegramente “rodada” con teléfonos celulares. Al ver Monstruoso no resulta difícil imaginarlo. El día que eso suceda, podemos ir despidiéndonos de lo que conocemos como imagen cinematográfica, los mismos que alguna vez tradujeron esa imagen en una industria de producción constante, la habrán enterrado para siempre.

publicado por Leo A.Senderovsky el 24 junio, 2008

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