Sólo algunas secuencias, donde sabe detenerse para acrecentar el suspenso, salvan a la película de ser un pastiche, pero no la salvan de su mensaje.

★★☆☆☆ Mediocre

El caso Wells

Andrew Lau, uno de los directores de la prestigiosa trilogía hongkonesa Infernal affairs, debuta en Hollywood con una película mal vendida como thriller. Es, en sí y con todas las letras, un film de horror, con escenas profundamente macabras, alguna que otra disección, y un protagonista fuera de sí. El protagonista es Richard Gere, que parece haberse tomado demasiado en serio el papel de Errol, un hombre implacable, que vive para su trabajo, y cuando no trabaja se ocupa de seguir a los violadores y darles su merecido. El papel tiende a estar al borde de la caricatura exagerada (lo salva el rostro de piedra de Gere), y no deja de ser un personaje duro, fervientemente reaccionario (hace quedar a Harry el sucio como un blando), y por momentos, desequilibrado, elementos que lo ponen en una posición bastante incómoda frente al espectador que, se supone, se pondrá de su lado porque, como siempre sucede, el más incomprendido es el que finalmente tiene razón. A su lado, Claire Danes, que parece estar allí solo porque es linda, parece débil y es un coherente contrapeso frente a la fuerza de Errol.

Cuando todo se complica y ella debe mostrarse fuerte, se evidencia que no parece haber sido la mejor opción para ese papel, hecho que se va consolidando a medida que avanza la trama y Danes adquiere cierto protagonismo. La trama cuenta con algunos elementos forzados en su intento por capitalizar todos los casos en uno solo, y termina por afectar el verosímil. Entre lo mejor, se encuentra el tono de “horror movie” que imprime toda la película, y que Gere ayuda a conformar con su personaje, pero esto se ve perjudicado por la dirección, que al lado del antecedente directo de Infernal affairs, deja mucho que desear, supeditándose a pegar planos de manera desconcertante, teñir toda la imagen con electricidad (compendio de efectos baratos demasiado reiterados y videoclipistas), y pretender llamar la atención con un ritmo impostadamente vibrante. Sólo algunas secuencias, donde sabe detenerse para acrecentar el suspenso, salvan a la película de ser un pastiche, pero no la salvan de su mensaje, sin temor a mostrarse condescendiente con los perversos métodos del protagonista y su controvertida visión del mundo.

publicado por Leo A.Senderovsky el 27 junio, 2008

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