Un producto totalmente desquiciado, desbordado, y absurdo.

★★★☆☆ Buena

La promesa

Esta vez la fantasía viene de Oriente. Allí son capaces de volver bella cualquier secuencia de violencia. Por el contrario, no suelen dominar los más avanzados efectos especiales, elemento del que Hollywood se encuentra por demás aventajado. Aquí la fantasía va de la mano del desborde, del exceso mismo, de la más pura grandilocuencia. Los personajes no corren, vuelan, y accionan de las maneras más sobrenaturales habidas y por haber. No está mal, al fin y al cabo es una historia con más fantasía que épica, por más que su origen no le permite abandonar este último terreno, y se aferra a él cada vez que puede.

El problema de ello radica que, entre tanto exceso, majestuosidad y colorido, se mezclan los trucos más evidentes (pocas veces uno ve chromas y animaciones digitales tan poco disimulados) con excesivos, imparables e imposibles movimientos de cámara que refuerzan dicha suntuosidad, que acompañan coherentemente el espectáculo, pero no la historia. Historia que por momentos no logra equilibrar las enormes secuencias de batalla (escenas que, por momentos, parecen heredar encuadres de algunos videojuegos), con otras escenas carentes de un ritmo similar. Como entretenimiento, funciona y mucho, las secuencias bélicas no dan respiro y parecen convenientemente pasteurizadas para ser vistas por todo tipo de público. Quizás se disfruta aún más, si uno logra verla como un disparate hecho, derecho y asumido, y no la juzga por ello. Un producto totalmente desquiciado, desbordado, y absurdo. Como lo que es, en medio de tanta pirotecnia y belleza visual.

publicado por Leo A.Senderovsky el 27 junio, 2008

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