Una película mucho más rica e interesante que la primera. Bekmambetov ha entendido que el derroche visual puede entorpecer la narración, y aquí ese factor se encuentra en el nivel adecuado, equilibrado entre la historia y el espectáculo.

★★★☆☆ Buena

Guardianes del día

Hace unos años, la división independiente de la FOX presentaba una sorprendente superproducción rusa de ciencia ficción, que más le debía al cine americano que al de su propio país. Guardianes de la noche, un festival videoclipista de efectos especiales, muchos de ellos copiados de Matrix, una historia que mezcla elementos de sagas como Star Wars, El señor de los anillos, y demás, junto con elementos del cine de vampiros, daba la sensación de ser un apabullante pastiche envuelto en caprichos visuales y exceso de trucos digitales. La historia, que narraba la eterna lucha entre el bien y el mal, finalmente era lo menos relevante de esta producción. La segunda parte, sin embargo, apuesta a lo mismo, pero aportándole mayor peso dramático a la trilogía. Hay aquí una preocupación mayor por los personajes, como naturalmente se suponía por el enfrentamiento padre – hijo que se daba al final de la primera. El hijo de Anton, Egor, se pasaba al lado de los villanos, por rencor a su padre.

Sus características en la historia lo hacen parecerse demasiado al Anakin Skywalker de los episodios 1 y 2 de Star Wars, o a una mezcla entre este y el niñito diabólico de La profecía. El peso que se le da a los personajes, principales y secundarios, es tal que gran parte de la película se va en esto, lo cual no deja de ser meritorio, aportándole a la historia el sustento necesario. La dirección va hacia el mismo lado, siendo técnicamente menos ambiciosa y más funcional a lo que se intenta narrar. Al parecer, Bekmambetov ha entendido que el derroche visual puede entorpecer la narración, y aquí ese factor se encuentra en el nivel adecuado, equilibrado entre la historia y el espectáculo. La música aún no encuentra el rumbo preciso, abrevando en el rock y en el plagio descarado del tono épico de John Williams en Star Wars, sin que existiese una razón valedera para utilizar indiscriminadamente dos géneros musicales tan disímiles. El final de la película le aporta un valor agregado, apelando al inicio de la trilogía y concentrándose en la relación entre los personajes, y como estos vínculos afectan al enfrentamiento principal entre los dos bandos, volviéndola una película mucho más rica e interesante que la primera, y aportándole más atractivo a esta deslumbrante adaptación de la saga de novelas homónimas rusas de corte fantástico. Habrá que esperar la tercera parte.

publicado por Leo A.Senderovsky el 30 junio, 2008

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