Waters ha utilizado su cine para ensalzar la figura del excluido, y esta versión hace hincapié en estas figuras, generando un producto entretenido y reflexivo a la vez.

★★★☆☆ Buena

Hairspray

Hairspray primero fue una película de John Waters de 1988, y luego un musical de Broadway. El espíritu de Waters se mantiene incluso en esta última adaptación cinematográfica, que toma elementos de ambas obras, por un lado el elogio de los seres marginales o excluidos sociales, ya sea travestis (que aquí no hay), como gordos (protagonistas de esta), o cualquier personaje que no responde a los cánones aceptados por la sociedad. Por otro lado, se mantiene el ubicar a Baltimore, ciudad natal de Waters, como el espacio donde se centra la acción. La protagonista de Hairspray es Tracy Turnblad, una joven regordeta de Baltimore en la década del ‘60, que sueña con formar parte del show musical del canal local. Su condición física la lleva a enfrentarse con algunos directivos del canal, como Velma von Tussle, mujer obsesionada con que su hija sea la gran estrella, y con no mezclar en el mismo show a blancos y negros.

John Travolta, pese a no ser creíble en su papel de madre de la protagonista, resulta un acierto por aportarle ese color bizarro característico de Waters, y por reírse de sí mismo y de su condición de ex estrella musical (como ya lo hacía en Pulp fiction). Christopher Walken es de esos pocos actores que, hagan lo que hagan, siempre brillan, y en su caso, más si se trata de bailar, con algunos pasos que recuerdan su recordado baile en el video de Fatboy Slim, “Weapon of choice”, y Michelle Pfeiffer se luce como la villana de turno. Pero la gran estrella es Nikki Blonsky, quien se lleva todos los aplausos encarnando a Tracy, en su primer papel en cine, papel por momentos insoportable, pero siempre gracioso. En general se trata de una versión algo pasteurizada, con todos los tics del musical, siempre divertida, con un cuidado preciso por los escenarios, los vestuarios, y sobre todo, los peinados sesentosos, y con un mensaje claro, enfocado en los problemas sociales de aquella época, la segregación racial, cierto fanatismo religioso, y los excluidos de siempre. Waters ha utilizado su cine para ensalzar la figura del excluido, y esta versión, dirigida por el coreógrafo Adam Shankman, hace hincapié en estas figuras, generando un producto entretenido y reflexivo a la vez.

publicado por Leo A.Senderovsky el 30 junio, 2008

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