Un marco que muestra más la clara intención de homenaje, desde la cual se ha planteado el rescate de esta franquicia. La jungla 4.0 es todo lo entretenida, espectacular y absurda que debe ser, y ya.

★★★☆☆ Buena

La Jungla 40

Repasemos un poco. John McClane, detective del Departamento de Policía de Nueva York (papel que lo entronizó a Bruce Willis como héroe de acción de los noventa), es un ser bruto y charlatán, “un reloj de cuerda en una era digital”, como astutamente lo define Thomas Gabriel, el malvado de turno. Un hombre al que le cuesta cumplir cualquier rol que no esté vinculado con su trabajo. En las primeras dos películas terminaba salvando a su mujer del peligro, en la tercera comenzaba peleado con su mujer, y terminaba intentando arreglarse con ella. En esta ya no le queda nada, se divorció de su mujer, su hija no le habla, y a pesar de no estar en su plenitud física, sigue metiéndose en problemas, porque, según dice, “si no lo hace él, nadie lo hace”. La cuestión es que, a medida que transcurrían las películas, los problemas y las amenazas eran cada vez más complejos, y los riesgos cada vez mayores.

Tanto que, así como en la tercera tenía a su lado a Samuel L. Jackson (a diferencia de las anteriores, esa era una “buddy movie”, un intento de cruzar esta saga con Arma letal), en esta cuenta con un joven geek tan charlatán como él, pero que entiende de sistemas informáticos, y fue cómplice involuntario de los villanos en cuestión. La amenaza en este caso afecta a todo el sistema, a todo el capital de Estados Unidos, por más que Bruce Willis nos diga que no, que “estamos hablando de vidas humanas, man”, apelando a esas expresiones propias del duro McClane. Lo más interesante es que, dentro del absurdo total que significa el maléfico plan de Gabriel, no se deja de hablar de algo más que significativo: El malo en cuestión, por más que se disfraza de comunista y cita a Lenin, es sencillamente una amenaza interna, el hombre que ideó el sistema de seguridad, termina siendo quien atenta contra él (mensaje bastante más digerible que el ya clásico enemigo extranjero, sin ir más lejos, en las anteriores películas de la serie vemos precisamente ese patrón). Bruce Willis, para qué negarlo, está viejo para estos trotes y se nota, pero sin duda creció mucho como actor desde aquellas primeras cintas de acción, y esto le ayuda para mostrarse cansado (que no doblegado), irónico y violento. Algunos elementos se extrañan de las anteriores, como el clima navideño de las primeras dos, aquí reemplazado por el 4 de julio, y un discurso amenazador montado inteligentemente en boca de ex presidentes norteamericanos.

Pero no hay que negar que las secuencias de acción, la mayoría de ellas desbordantemente inverosímiles (como debe ser, teniendo en cuenta cómo suele salvar su vida el detective McClane), están muy bien dirigidas, a pesar de que el resto de las escenas muestran cierta impericia del director para “pegar planos”. Los diálogos, de todos los personajes, apuntan a toda la gracia que caracteriza a McClane, cada vez que se encuentra en el lugar y momento equivocado, ayudado en este caso por los secundarios, y por la breve participación del siempre divertido Kevin Smith, haciendo de un geek fanático de Star Wars. Y el clímax, con el infaltable “Yippee kai yay, motherfucker”, en un marco que muestra más la clara intención de homenaje, desde la cual se ha planteado el rescate de esta franquicia. Y qué va, es todo lo entretenida, espectacular y absurda que debe ser, y ya.

publicado por Leo A.Senderovsky el 30 junio, 2008

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