En esta nueva entrega, el resultado se acerca mucho más al concepto que tengo del conflicto Banner/Hulk que en la película de Ang Lee.

★★★☆☆ Buena

El increíble Hulk

Cada superhéroe del gigantesco universo con millones de ramificaciones, sub-argumentos y relaciones personales complejas que ha ido construyendo la editorial Marvel con el paso del tiempo, tiene un carácter y una psicología propia, por no hablar de los diferentes tratamientos que han sufrido dependiendo del guionista que les tocó en suerte cada vez. Por ello, cada acercamiento a un nuevo personaje debería ser estudiado con detenimiento, para cuadrar el tono y la historia sin enfurecer a millones de espectadores en potencia.

No se debería tratar de igual forma los problemas personales y mundanos de Peter Parker por pagar el alquiler y ayudar a su tía mientras limpia Nueva York de villanos enfundado en el traje del trepamuros, que las aventuras más livianas de los 4 fantásticos o los conflictos sobrehumanos de un semi-dios como Thor. No toda traslación superheróica a la pantalla puede tener el tenebrismo de Batman (en este caso de DC y no de Marvel) ni el humor cachondo de Hellboy (salido de la pluma del genial Mike Mignolla).

Por eso, cuando se pensó por primera vez en adaptar el conflicto interno de Bruce Banner a la pantalla, un tipo que soporta la maldición de convertirse en una enorme bestia verde y estúpida cuando se cabrea, se pensó en algún director que supiera mostrar ese duelo interior entre el hombre y la bestia. La elección del filosófico Ang Lee no parecía mala, a priori, aunque el resultado fuera un galimatías que no hiciera honor al personaje.

En esta nueva entrega, que niega o ignora la anterior película, se ha optado por una mezcla entre espectáculo y profundidad, escogiendo a un director joven con capacidad para desenvolverse en el género de acción (Louis Leterrier, director de “Danny the dog”, con Jet Li pegando leches, o la segunda parte de “Transporter”) y un actor perfecto para esa clase de papeles duales, en los que se tiene que mostrar dos caras de una misma moneda (Edward Norton, que dio forma al bipolar personaje de “Las dos caras de la verdad” o al nazi reconvertido en “American history X”).

El resultado se acerca mucho más al concepto que tengo del conflicto Banner/Hulk que la película de Lee. En ésta, tras un prólogo resumido en los títulos de crédito iniciales, se muestra a Bruce viviendo escondido en Brasil, tratando de pasar inadvertido e intentando, por un lado, dominar su ira para no dar rienda suelta al monstruo y, por otro, investigando la manera de erradicar a su alter ego para siempre.

Todo se complicará cuando vuelvan a dar con su pista y tenga que volver a Usamérica, para reencontrarse con su antiguo amor, someterse a un experimento que podría convertirle de nuevo en una persona normal y, ya de paso, enfrentarse a un bicharraco enorme y con peor mala uva.

La acción no es tanta como parece indicar el trailer, salvo una colosal pelea final en la que se juega con unos efectos especiales fuera de serie. Pero en realidad, gran parte del metraje versa sobre las ralladuras mentales de Banner y su relación “kingkongeana” con su novieta.

Los actores, por su parte, dan lo que se espera de ellos. Norton es un genio de la interpretación y se echa a la espalda cualquier papel, Liv Tyler pone mohines como nadie, Tim Roth se limita a poner cara de malo y William Hurt borda sus escasos minutos en pantalla.

Atención al epílogo tras los títulos de crédito. Marvel se dirige pausadamente hacia un objetivo que puede dar lugar a una de las películas más complicadas y más caras de la casa, la reunión del grupo de superhéroes más conocidos de la editorial. ¿Tendremos próximas películas de Thor y Capitán América para ir completando el grupo?

Lo mejor: Edward Norton y unos efectos especiales que evolucionan a la velocidad de la luz.
Lo peor: En realidad el conjunto es un producto convencional, sin sorpresas de ningún tipo.
publicado por Heitor Pan el 30 junio, 2008

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