Funcionarial, alojada en esa riada infame de películas de alta factura técnica y carentes de alma…

★★☆☆☆ Mediocre

Las Crónicas de Narnia: El Príncipe Caspian

Malos tiempos para la épica: se la pasan por el forro de la caja y entregan fuego de artificio en lugar de buen cine. A falta de corazón y de fe, acuden a los efectos digitales: es ahí en donde esta segunda crónica narniana brilla. Fuera de lo estrictamente infográfico, asistimos a un plúmbeo espectáculo de fantasía atropellada que únicamente engolosinará almas infantes de corta exigencia y generoso bolsillo paterno. El adolescente con un más acerado sentido de la dramaturgia se perderá en la apabullante fotografía, en los muy logrados trucos, pero saldrá de la sala desencantado, con la conmoción justa de quien confía en la magia y en la belleza de la fantasía y ha sido traicionado por la eficacia rutinaria de un director, Adamson, más firmemente convencido de la gran gesta financiera que tiene entre manos que del espíritu épico, tan escaso, aunque paradójicamente abunde, en la reciente cartelera cinematográfica.


Las crónicas de Narnia: el príncipe Caspian establece un discurso de una sencillez casi naïf donde ninguna transgresión posibilita la creación de un estilo y donde todos los ingredientes meritorios, las virtudes de lo técnico y la plasticidad de las localizaciones, se arriman a lo ordinario, a la rutina. La única opción lúdica (y tampoco es original ni merece un elogio duradero) arrastra la moda reciente de humanizar la abundante fauna de las ensoñaciones infantiles y colocarles parlamentos graciosos y rimbombancias sintácticas más propias de un personaje de Shakespeare que de una obrilla veraniega de consumo palomitero.


Si C.S. Lewis y su amigo Tolkien levantaran la cabeza advirtirían con qué esquiva fortuna el cine se ha fijado en sus magnos libros. Cómo a uno le ha bendecido la felicidad y cómo al otro (a este pobre de ahora) le ha caído una turbamulta de funcionarios que han machacado la narración libresca y han convertido su portetonso hilo (que ocupa varios volúmenes y, a jucio de quienes lo han leído y me lo han contado, está regado de asombro y de sencilla belleza) en un prosaico folletín de héroes sin carisma y demonios acartonados que en ningún momento generan en el perplejo espectador el asombro predecible.


Su anodina resolución, despachada con una prisa incendiaria, manifiesta su vocación más íntima: la de entretener, sin más. Ahí no hay discusión alguna y tal vez sólo por ese mandamiento convendría rebajar la ira razonable y darle su pequeño aplauso. Cosas peores (Eragon) ha visto este prosista de sus vicios. En eso, en entretener, a pesar del tono espadachín de esta crónica doméstica, la cinta de Adamson cumple con creces: no podía ser de otra manera habida cuenta del poderío tecnológico que cubre los vacíos artísticos. En lo demás, rutina perfecta

Lo mejor: Las localizaciones, la fotografía...
Lo peor: Que no esconde su apego por lo comercial, sin intentar buscar nuevas lecturas, transgresiones, pactos con el riesgo...
publicado por Emilio Calvo de Mora el 4 julio, 2008

Enviar comentario

muchocine 2005-2019 es una comunidad cinéfila perpetrada por Victor Trujillo y una larga lista de colaboradores y amantes del cine.