Las Crónicas de Narnia: El Príncipe Caspian

El espectáculo está servido: si los niños disfrutaron de lo lindo con la primera parte de la franquicia… ¿por qué privarlos de un continuación donde todo eso esté corregido y aumentado? Hala, venga animalitos parlanchines, minotauros, centauros, enanos, y demás fauna narniana. Pero a lo bestia, oiga. Precisamente ese es el gran defecto de "Las Crónicas de Narnia: El Príncipe Caspian": todo a lo bestia. Nuestros amiguitos protagonistas un dia al salir de clases, como están aburridos, pues hale, por las buenas deciden irse a Narnia al oir ¡¡¡el pito del metro llegando!!(que en el mundo imaginario resulta ser la llamada de auxilio del legítimo heredero a trono de Narnia, Caspian, en una desesperada persecución a manos de su tio Miraz, un auténtico cabronazo). Pero cuando llegan el panorama es desolador, porque en los 1300 años que han pasado desde que se fueron (un año en cómputo terráqueo) ha pasado de todo: los seres "mágicos" se han tenido que ocultar porque los humanos han expoliado Narnia, y ahora tienen que restablecer el orden de las cosas, haciendo que todos vivan en compás y armonía.

Es una lástima que esta prometedora franquicia, Disney la haya escorado sin miramientos a la clásica película medieval de fantasía "blanca", con más espadas y batallas que magia propiamente dicha. Lo que podría haber sido una interesante aportación al cine infantil y juvenil, con elementos originales y mensajes que inviten a la reflexión, se ha convertido directamente en un retorno a las cintas que la productora del ratón Mickey hacía en los años sesenta, eso sí con unos efectos especiales acojonantes -en serio, de los más creíbles que uno pueda haber visto en la historia del cine-. Claro que el problema es que los efectos especiales, los animátics y toda la parafernalia de producción no pueden influir en un guión bastante flojo y que únicamente avanza a base de batallas espectaculares. Además, todo el lirismo de la magia de la primera parte -con la bruja del hielo, el león -que tranquilos, también aparece en esta, con un rugido más potente que nunca…- prácticamente desaparece para convertirse en épica guerrera medieval, con muchas armaduras, catapultas, caballos, arqueros y espadas, muchas espadas.

Sí, lo reconozco se lo pasa uno bien, aunque el nivel intelectual ha bajado varios enteros, casi hasta convertirse en un publirreportaje de lo que serán las atracciones de los parques Disney en un futuro cercano, y el fantástico merchandising -por supuesto, oficial y licenciado por la multinacional- de esta película -que se preparen los padres a comprar videojuegos, muñecos, camisetas, espadas, escudos, cascos…-. Y yo me pregunto: si esos cuatro niños son simples estudiantes amargados en la Inglaterra de la Segunda Guerra Mundial, y en Narnia son cuatro reyes, una de ellas medio enamoriscada del propio Caspian, el otro el -ojo al dato- Monarca Absoluto de Narnia, la otra es feliz con el león Aslan y encima tiene una poción mágica capaz de devolver la vida y el último es un genial arquero, jinete y espadachín… ¿para que demonios quieren volver a la tierra? A lo mejor es que son masoquistas y prefieren aguantar las clases aburridas, las bromas de los compañeros del instituto, un país con depresión económica y bombardeos de los nazis y unos padres represores…

Lo mejor: Las batallas, impresionantes. Los efectos visuales, absolutamente creíbles.
Lo peor: La falta de magia y brujería, frente a las espadas. Lo poco creíble de buena parte del guión (no ya por la fantasía, sino por la motivación de los personajes protagonistas, los cuatro chavales)
publicado por Federico Casado Reina el 5 julio, 2008

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