Pequeña broma de un director autoproclamado “cool”, que navega entre el homenaje tácito, y los inoportunos e insistentes guiños a su filmografía.

★★☆☆☆ Mediocre

Death Proof

Tarantino entrega su parte de esta “double feature” con Death proof, una pequeña broma enmarcada dentro de esta clase de cine de bajísimo presupuesto, a la que eligieron homenajear. A diferencia de Robert Rodriguez, que realiza un ejercicio de terror necesariamente delirante, y coherente con el mundo que ambos se propusieron adaptar, Tarantino, que siempre necesitar demostrar (o demostrarse) que está más allá de aquello que adapta, termina dirigiendo una historia a medio camino entre el delirio y el tedio. Lo que antes representaba elementos propios de un estilo original e inteligente, hoy huele a impostado. Para ser precisos, baste decir que en su casi hora y media de metraje, pocas son las escenas adecuadamente frenéticas y pocos los momentos realmente absurdos, mientras el ochenta por ciento restante, está dedicado a exponer sus inagotables diálogos, en particular entre los grupos de mujeres a las que acecha Stuntman Mike.

Lejos de la complicidad de los personajes masculinos de Reservoir dogs, o del misterio de Uma Thurman en Pulp Fiction, aquí las mujeres solo saben hablar por hablar, y por lo general, limitarse a repetir una interminable serie de parlamentos pretendidamente ingeniosos, que Tarantino parecería haber reservado para ellas, o para cualquier personaje que se le presentara. Don Quentin parece no callarse nunca, y hasta se ha reservado para sí un papel secundario en esta, como si no le hubiese alcanzado con el personaje que Rodriguez le dejó en Planet terror, papel mucho más excesivo y “trash” que este. Lo más notable es el desquiciado personaje interpretado por Kurt Russell, a quien le sienta bien parodiarse a sí mismo, y entregar momentos que van del paroxismo total a la más profunda ridiculez, sobre todo en la intempestiva secuencia final. Además vale destacar, como es habitual en Tarantino, la banda sonora, que aquí no está siempre presente, sino que se asoma con cierta timidez. Está claro que Rodriguez y Tarantino quisieron reírse un poco junto a algunos de sus amigos (los que dirigieron los trailers, y algún que otro actor fetiche), pero dentro de esa broma, Rodriguez sale mejor parado, porque su trabajo no pretende ser más que lo que es, y dentro de su lógica, no pierde la coherencia.

Death proof, en cambio, es la pequeña broma de un director autoproclamado “cool”, que navega entre el homenaje tácito, y los inoportunos e insistentes guiños a su filmografía. Lejos de recordar algo de lo mejor de su cine, esta apelación constante a aquello que cree que siempre hace bien (en particular, los diálogos), deja al proyecto “Grindhouse” sin gasolina en plena ruta, y a mitad de camino entre lo que pudo ser y lo que finalmente es.

publicado por Leo A.Senderovsky el 5 julio, 2008

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