La Momia: La Tumba del Emperador Dragón es una pésima película de aventuras que si no fuera por su título y los nombres de sus personajes, nadie podría relacionar con sus dignas predecesoras.

★☆☆☆☆ Pésima

La momia: La tumba del emperador Dragón

Es sumamente curioso que en el mismo año en el que se estrena la nueva película de Indiana Jones  -el aventurero cinematográfico por excelencia- llegue a los cines la tercera entrega de La Momia, una saga que todos creíamos muerta y enterrada. Los paralelismos entre ambos títulos son obvios -más allá de lo puramente comercial e industrial-: los dos héroes viven retirados tras el fin de la Segunda Guerra Mundial -en la que cada uno prestó unos servicios distinguidos- y deben hacer frente a su problemática progenie.

Quien espere ver algo parecido a los dos films originales ya puede ahorrarse los euros que pagaría por ver La Momia: La Tumba del Emperador Dragón. El cambio de director se deja notar, y Rob Cohen lleva la película por los vericuetos del cine comercial más convencional. No es que Stephen Sommers sea precisamente un director de culto, pero sí sabe imprimir a sus trabajos un toque y un sello personal que Cohen no quiere -o puede- dar. El ejemplo más evidente es el humor que impregnaba las películas de Sommers, un tono casi paródico que desaparece por completo en el film de Cohen. En esta tercera aventura, los personajes han perdido el encanto de las anteriores, especialmente el interpretado en esta ocasión por una flojísima Maria Bello (visto el film, no es de extrañar que Rachel Weisz pusiera tierra de por medio). A esto hay que sumar el ridículo conflicto paterno-filial que inunda la primera mitad de la cinta. Cualquier intento de analizar el guión con una mayor profundidad sería un ejercicio de una futilidad mayúscula que podría derivar en un estado catatónico irreversible. Pero como estamos en un producto de entretenimiento, estos fallos podrían pasarse por alto si el resultado fuera efectivamente el de un film que mantiene al público entretenido. Sin embargo, es todo lo contrario: aburrido, soporífero y cansino. El metraje se alarga de una forma excesiva, con la inclusión de escenas tan absurdas como innecesarias (el retiro de los protagonistas por ejemplo). A la media hora uno suplica para que llegue de una vez por todas el combate final y la tortura concluya, pero Rob Cohen continúa ofreciendo nuevas y desagradables sorpresas en forma de piruetas argumentales tan efectistas como inverosímiles -sí, hasta para una cinta de aventuras fantástica hay cosas que ya se pasan de rizar el rizo-.

La Momia: La Tumba del Emperador Dragón es una pésima película de aventuras que si no fuera por su título y los nombres de sus personajes, nadie podría relacionar con sus dignas predecesoras. Sin embargo no sorprendería que ésta fuera la entrega más taquillera de la saga.

Lo mejor: La inteligente decisión de Rachel Weisz de no participar en el proyecto.
Lo peor: Que piensen hacer una cuarta.
publicado por Francisco Bellón el 31 julio, 2008

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