Doomsday

Pocas ideas han resultado más rentables para el cine reciente que la de ponerle tetas a Indiana Jones. Desde que apareció el primer videojuego de Tomb Raider con la curvilínea Lara Croft corriendo, saltando y, sobretodo, gateando, no han parado de surgir heroínas sexis que más tarde o más temprano han dado su salto a la gran pantalla, o han sido creadas directamente para ella. ¿No había heroínas antes? Sí. Probablemente los mejores ejemplos los encontraríamos en las películas de James Cameron donde, de alguna manera, ya se comenzaba a intuir un cambio de rumbo en el aspecto que debía adoptar el futuro héroe de acción. Tanto Sarah Connor, la protagonista de la saga Terminator, como la teniente Ripley (especialmente en Aliens, el regreso) apartaban al héroe musculitos y machito de turno para erigirse en las auténticas salvadoras del mundo. El problema era que Cameron las equiparaba de una forma total al cánon masculino de héroe haciendo desaparecer casi por completo su feminidad. La Sarah Connor de Terminator 2 es un bloque de hielo fibrado y mortal. La Ripley de Aliens ya no es la vulnerable damisela de la primera hora de Alien pero tampoco la aguerrida superviviente de la segunda y última hora. Cameron la transforma en su película en la más dura de los marines, manteniendo únicamente el punto femenino al compararla con una auténtica machorra que incorpora al destacamento que protagoniza el film (la teniente Vasquez).

            Ahora, realizar una película de acción y aventura, o incluso de terror, con una mujer que no sea al mismo tiempo un arma letal y una belleza escultural, es sencillamente impensable. Desde la ya mencionada Lara Croft, pasando por Aeon Flux, Bloodrayne, Underworld, Serenity, Ultraviolet, Sr. y Sra. Smith, Resident evil, Los Angeles de Charlie o la inminente Wanted, todas ellas disponen como principal baza de una chica de armas tomar. Los tiempos de Schwarzenegger, Van Damme o Steven Seagal han pasado. De tanto en tanto trata de abrirse camino un nuevo supermacho como Vin Diesel o Jason Statham pero a duras penas han conseguido llamar la atención y en el fondo no dejan de ser la excepción que confirma la regla.

            Y así llegamos hasta Doomsday, la película que nos ocupa hoy. ¿Y de qué se trata? Pues del pastiche postmoderno llevado a la enésima potencia. Es decir, un cúmulo tal de referencias a películas más o menos modernas que permite al espectador cinéfilo estar casi en sonrisa constante al irlas reconociendo; Rescate en Nueva York, 28 días después, Mad Max,… son probablemente las más evidentes.

            La trama, no está exenta además de una cierta dosis de crítica política. Ese Reino Unido que, ante la amenaza de un contagio, da la espalda a sus propios conciudadanos del norte del pais (los escoceses) encerrándolos tras un muro para que mueran a pesar de ponerse en contra a toda la comunidad internacional.

Todo el argumento de la película se desarrolla a partir de aquí, cuando años más tarde, habiéndose propagado el virus más allá de las fronteras de ese muro, el gobierno envía a un grupo de soldados en busca de una posible cura, capitaneados éstos por la heroína de turno (de ahí los primeros párrafos de esta entrada) que resulta ser además una freak (le falta un ojo y lleva una especie de cámara en su lugar) escocesa de las pocas que quedó en el lado británico del muro cuando éste se cerró.

Yo debo confesar que, a pesar de la escasa originalidad de la propuesta, el director Neil Marshall consigue sacar oro de ella. Al menos en algunos momentos. Prácticamente me dieron ganas de aplaudir en la sala cuando, ante una escena en la que un grupo de neopunks caníbales están cocinando a un tipo, se hace sonar uno de los temas más conocidos de Fine Young Cannibals.

Peleas, tiroteos, persecuciones y demás parafernalia están rodadas de forma magnífica a pesar de contener un halo de serie b en el que todo el mundo parece sentirse comodísimo y que, lejos de disimularse, se potencia. Si el prólogo de la película parece invitarnos a tomarnos la propuesta con seriedad, Marshall se encarga rápidamente de hacernos entrar en el sendero correcto con ese ojo-cámara del que hablaba antes. Y una vez ya sabemos a qué atenernos no podemos sino disfrutar con este carrusel de violencia y adrenalina casi constante que tan solo se ve frenado, en mi opinión, en la larga secuencia del castillo medieval. Un pretendido punto sorpresa que se echó a perder con los trailers del film y que, después de una charla con el personaje que interpreta Malcolm McDowell, no busca más que meter a la protagonista en una especie de Justa con un caballero armado con una maza de desenlace más que previsible. Lo cual aún justifica menos su duración.

Aunque con un final algo críptico, en el que no se sabe si el director pretende abrir una nueva franquicia, o reafirmar el personaje de la protagonista como una hija de Escocia que se reconoce como freak entre los despojos que quedan de su tierra, la película se disfruta y como entretenimiento no tiene desperdicio (salvo los ya comentados). Por eso os animo a que la veáis y me digáis qué os ha parecido. Y conste que he dicho que la veáis, y no necesariamente que vayáis al cine. Que no quiero que me digáis luego que os gastasteis el dinero y no os hizo gracia.

Lo mejor: El ritmo frenético que tan solo decáe en la secuencia del castillo.
Lo peor: La excesivamente dilatada secuencia del castillo
publicado por Javier Paez el 4 agosto, 2008

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