El largometraje pertenece al subgénero de western psicológico, donde la venganza, los celos y las envidias dan paso a una tragedia al más puro estilo Shakespeare.

★★★★☆ Muy Buena

Jubal

El largometraje pertenece al subgénero de western psicológico, iniciado por "El pistolero" (The Gunfighter de Henry King, 1950) y ratificado por "Solo ante el peligro". En este tipo de filmes el tratamiento de los personajes y la relación entre ellos eran más importantes que la propia acción. Las peleas, los tiroteos, los indios y demás tópicos que siempre habían caracterizado al género eran sustituidos por situaciones complicadas. La venganza, los celos y las envidias propiciaban tragedias al más puro estilo de Shakespeare, siempre acompañadas de legendarias canciones que resumían la historia.

 En "Jubal", asistimos a una versión de “Othello”, en la que un errante cowboy (Jubal, encarnado por Glenn Ford) es recogido por un ganadero bonachón y confiado (Ernest Borgnine). A pesar de no ser bien recibido por uno de los vaqueros del rancho (Rod Steiger), Jubal accede a trabajar allí. Pronto será acosado por Valerie French, una femme fatale, a la sazón mujer de Borgnine y amante de Steiger. Con estos ingredientes el drama estaba servido. Bastaba una visita nocturna de la “ligera” Valerie French y una calumnia del celoso Steiger para propiciar el enfrentamiento entre Jubal y su jefe.

El oficio de Delmer Daves presenta la tragedia con impresionantes secuencias rodadas en exteriores y con la nocturnidad de los interiores para las escenas de mayor tensión. Pero lo mejor de la cinta es la exposición de caracteres: así el histrionismo “made in actors studio” de Rod Steiger es contrarrestado por el conformismo de Glenn Ford con su mala suerte; o la actitud en extremo confiada de Borgnine -que prácticamente echa a su esposa en brazos de Jubal- es neutralizada por la explosión de celos cuando surge el adulterio.

Pero, ante todo es una película de género. Delmer Daves se encarga de recordárnoslo. Lo hace con escenas de doma de caballos, o con los ensayos entre Charles Bronson y Glenn Ford, cuando el primero le lanza el revolver al segundo para que éste dispare. Todo un adelanto de lo que sucederá en el tercer acto; una escena que recuerda mucho a dos de los “Ríos” de Howard Hawks ("Río Rojo" y "Río Bravo").

El director va más allá cuando concluye la trama: una polea y un gancho, que se balancean siniestramente, no presagian nada bueno. Imitan a la soga justiciera y esperan atentos el resultado del inevitable enfrentamiento final. Sin duda, un detalle de buen realizador para una excelente película.

publicado por Ethan el 7 agosto, 2008

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