Mi sensación era la de haber visto la mejor adaptación de un superhéroe jamás hecha, una obra maestra y un villano que ha pasado a formar parte de mi lista de malos preferidos desde su primera aparición.

★★★★★ Excelente

El caballero oscuro (The Dark Knight)

Regreso de las vacaciones blogueras y currantas con una de las películas más esperadas de este año. Mucho se ha escrito sobre ella antes de que yo me acomodara en una sala a contemplar el nuevo acercamiento de Christopher Nolan sobre el hombre murciélago. Ya había leído titulares que encumbraban a la película por todas partes. Que si es la mejor adaptación de un superhéroe jamás hecha, que si es una obra maestra, que si la actuación de Heath Ledger le encumbra como uno de los mejores villanos del cine, que si la densidad y profundidad de la película, bla, bla, bla…

Claro, así uno no puede dejar de crearse expectativas y entrar en la sala con la idea de que va a asistir a un hito del cine. El caso es que al salir, dos horas y cuarenta minutos más tarde, mi sensación era la de haber visto la mejor adaptación de un superhéroe jamás hecha, una obra maestra y un villano que ha pasado a formar parte de mi lista de malos preferidos desde su primera aparición.

¿Qué hace de “El caballero oscuro” merecedora de tales elogios? En primer lugar un argumento casi perfecto, deudor de las mejores películas de intrigas policíacas, con un tratamiento de los personajes principales – a saber, el propio Batman, su antagonista el Jocker, el teniente Gordon y el fiscal Harvey Dent – excepcional y una acción perfectamente engarzada entre un puñado de historias que se complementan y enriquecen lo que se nos está contando.

En segundo lugar, una dirección excepcional. Christopher Nolan está entrando con paso firme entre mis directores fetiche (sí, al lado de Tim Burton, David Fincher o Michel Gondry). Tiene un pulso único a la hora de contar una historia, pocas veces da tregua al cerebro del espectador, que recibe información de forma ininterrumpida y los montajes de las películas son adrenalínicos.

El resto es coser y cantar para que sea una gran película, pero si encima tenemos a unos cuantos actores en estado de gracia – sobresaliendo por encima de todos ellos un inquietante Heath Ledger – unos efectos especiales solventes y sin estridencias y una puesta en escena impecable, pues al final nos encontramos con que 2 horas y medio largas se convierten por arte de birlibirloque en un suspiro sin parpadeos.

Por si fuera poco, el guión de los hermanos Nolan se permite el lujo de plantearnos cuestiones filosóficas al estilo de los grandes comics de la historia – “Watchmen”, “V de Vendetta” – sobre la justicia, la soledad, el honor o lo ético que sería que un encapuchado al margen de la ley tuviera potestad para limpiar las calles de delincuencia.

La película arranca poco después del final de “Batman begins”. Batman es casi el único aliado de un comisario Gordon incorruptible que intenta mantener Gotham City limpia rodeado de policías enterrados hasta las cejas de asuntos turbios. Es entonces cuando entra en escena un criminal sádico, chiflado y sin más motivación que sembrar el caos y la destrucción a su alrededor que reta a Batman a un macabro juego en el que el enmascarado de la capa deberá decidir si debe entregarse y dejar que la ley actúe o bien seguir peleando mientras la sociedad a la que trata de salvar empieza a dudar de su buena fe.

En esta historia se entrecruza la figura de Harvey Dent, un fiscal íntegro que se pone del lado de Gordon y Batman para tratar de reducir la criminalidad de la ciudad y la de Rachel Dawes, pareja de Dent y amor de toda la vida de Bruce Wayne, que tendrá un peso clave en el desarrollo de los acontecimientos.

Así que, para finalizar, una recomendación a todos aquellos que aborrecen las películas de superhéroes. Dejad de lado vuestros prejucios, id a verla, intentad imaginar que Batman no sale disfrazado con una capa y quitadle mentalmente el maquillaje al Jocker. Es entonces cuando os encontraréis con una película oscura, entretenida y densa.

Epílogo: más miedo que el maquillaje del Jocker, me dan los ojos pintados del alcalde de Gotham. ¿A quién se le ocurrió la idea de ponerle rimel a un señor tan distinguido?

Lo mejor: Heath Ledger, inmenso, inconmensurable, apoteósico.
Lo peor: Sería tan quisquilloso buscar algo, que no lo voy a hacer.
publicado por Heitor Pan el 22 agosto, 2008

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