Cine puro, hecho por unos directores que ya son clásicos.

★★★★☆ Muy Buena

No es país para viejos

Tras el pequeño fragmento incluído en Paris, Je T’aime, los hermanos Coen vuelven al redil ¡y vaya manera de volver! Después de que se los considerada de capa caída con Ladykillers y Crueldad Intolerable, los Coen vuelven dando dos tazas de su propia medicina: una película total y absolutamente Coen al 100%, con unas interpretaciones de aúpa.

En el estado fronterizo de Texas, en el año 1980, Llewelyn Moss encuentra una camioneta rodeada por varios hombres muertos. En la parte trasera hay un cargamento de heroína y dos millones de dólares. Cuando Moss coge el dinero, provoca una reacción en cadena de violencia, que la ley, representada por el desilusionado sheriff Bell, no consigue detener. Mientras Moss intenta huir de sus perseguidores, especialmente del misterioso cerebro de la operación que se juega las vidas de otros a cara o cruz, la película pone al descubierto la delincuencia en Estados Unidos y amplía su significado hasta incluir temas tan antiguos como la Biblia y tan contemporáneos y sangrientos como los titulares de esta mañana.

Las películas de los Coen, para aquel desdichado lector que haya tenido oportunidad de disfrutar de ellas, o para aquel otro lector olvidadizo, tienen el poder de hacer llorar, reír y muchos otras acciones con solo una frase de diálogo. Eso, unido a una dirección de las mejores que existen en el cine actual, de corte clásico a la par que innovadora y un casting que pocas veces es equivocado hace de cada una de las películas de estos hermanos, una experiencia genial en la sala de cine.

La fotografía de esta película, el tratamiento de western moderno y todo el envoltorio estético de filme hacen que, al igual que con la nueva película de Paul Thomas Anderson, de la que os daré referencia pronto, ésta, se convierta en un clasico casi instantáneo. Cine puro, hecho por unos directores que ya son clásicos.

Las historia de mantiene en alza durante todo metraje, la exposición es lenta, pero intensa, lo que ayuda a afianzar los hechos y a enganchar al espectador que poco a poco espera la resolución de este entuerto repleto de ineptos personajes (como en toda la filmografía de los Coen) que giran en torno a la pareja protagonista no menos grotesca interpretada por Josh Brolin en una parte y un increíble Javier Bardem en la otra, un duelo de roles que desembocan en un final majestuoso con la sensación de haber visto un gran película.

Lo mejor: Bardem, sin duda alguna. Bueno, vale, y Tommy Lee Jones y Josh Brolin
Lo peor: El ritmo es irregular
publicado por Pablo López el 29 agosto, 2008

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