Nunca antes en una película de superhéroes se había mostrado la dualidad entre el bien y el mal, entre el orden y el caos, de forma tan acertada y tan cargada de significado, es aquí donde Nolan logra trascender el género.

★★★★★ Excelente

El caballero oscuro (The Dark Knight)

Batman, uno de los estandartes de la editorial DC, ha sufrido todo tipo de reinterpretaciones y relecturas, tanto dentro como fuera de la viñeta, pero si nos centramos en el terreno puramente fílmico, hay que destacar tres famosas exploraciones sobre el cruzado de la capa: la mítica serie tontipop de los años 60, la valiosísima visión del personaje en clave gótica que Tim Burton hizo en los 80, y la indescriptible felonía cinematográfica gayofestiva que perpetró Joel Schumacher en los 90 (que vaya si destaca, aunque no para bien).

Christopher Nolan fue el encargado en 2005 de empezar de cero la saga, obviando por completo lo sucedido en las anteriores entregas cinematográficas y esforzándose por explicar TODO lo relacionado con el origen de Batman, algo que aburrió a unos y deslumbró a otros. Su personal vuelta de tuerca al personaje parecía tener tan solo una premisa: REALISMO, y realismo es lo que volvemos a encontrar en El Caballero Oscuro, la cinta que hoy nos ocupa y que difícilmente tendrá una continuidad, porque Nolan parece haber llevado su Batverso hasta el límite.


La historia cuenta como Batman y el Teniente Gordon pretenden incluir al nuevo fiscal del distrito Harvey Dent en su cruzada contra la mafia de Gotham, ya que Batman ve en Dent al héroe público que él nunca podrá llegar a ser y a su posible sucesor. El trío empieza teniendo éxito y Gordon es ascendido a Comisario, por lo que nuestro héroe piensa seriamente en colgar las mallas y vivir la vida loca, es entonces cuando entra en juego la segunda ley de la termodinámica en forma de payaso sociópata y la gente empieza a morir. Batman deberá cancelar sus vacaciones e intentar comprender como funciona la mente criminal del Joker, un villano que no busca riquezas ni lucro personal, si no ver como el mundo arde.


Casi todo el equipo al completo de la primera entrega repite en esta segunda (Nolan, Bale, Oldman, Cain…), la única que ha faltado a su cita es Katie Holmes, que aquí la sustituye Maggie Gyllenhaal, no sabemos muy bien si porque Victoria Beckham le tiene toda la agenda ocupada o porque su marido es un cienciólogo nazi, todo es posible (es curioso que tanto Kidman como Holmes hayan sido esposas de Cruise y Batchicas). Ríos de tinta ha hecho correr la interpretación que Heath Ledger hace del Joker, y no me sorprende nada, su papel es de cajón el más agradecido de la cinta y una auténtica perita en dulce. Ledger puede soltarse la melena y dejarse llevar por un personaje aterrador e inquietante, no apto para menores y que reclama altas dosis de caña interpretativa (como contraposición a ese Batman tan contenido de Bale), amén que se lleva las mejores frases del filme.


En lo referido al peso dramático en cambio, el Joker no eclipsa a Batman, ya que ambos se presentan ante el espectador como un absoluto, quitar de la balanza a uno de ellos significa dejar cojo al otro, y esto me parece el mayor logro del filme. Nunca antes en una película de superhéroes se había mostrado la dualidad entre el bien y el mal, entre el orden y el caos, de forma tan acertada y tan cargada de significado, es aquí donde Nolan logra trascender el género. La lucha entre ambos es tanto física como moral, así que la mayor victoria del Joker no sería acabar con su oponente, si no lograr que Batman lo matase, un truco tan viejo en los comics pero que puede resultar novedoso en el cine (son de mención obligatoria La Broma Asesina de Alan Moore y Brian Bolland, y Arkham Asylum de Grant Morrison y Dave McKean, dos comics que seguro habrán estado durante largos meses en la mesita de noche de Nolan).


El Caballero Oscuro es, en definitiva, una película existencialista sobre superhéroes, con mucha acción, un sólido guión, un empaque visual de lo más contundente y segundas lecturas por doquier. La cinta resulta una auténtica gozada para el fan fatal que soy, aunque el cinéfilo que llevo dentro se resiente a veces de ciertos excesos y de las zonas más espesas del filme. La historia contiene tintes de tragedia griega y los personajes no solo representan personas de carne y hueso, si no también ideas y conceptos. Gotham se levanta aquí como la auténtica protagonista del drama, una Gotham muy alejada de los vaivenes artísticos de Tim Burton y constituida de forma realista y sin maniqueísmos góticos, una apuesta arriesgada que en manos de cualquier otro se hubiera ido a pique, pero claro, Nolan es mucho Nolan y el tipo guardaba un buen comodín en la manga.


La frase: "O mueres como un héroe o vives lo suficiente como para convertirte en un villano."
Lo mejor: La dualidad héroe/villano.
Lo peor: Es un plato muy fuerte y de lenta digestión.
publicado por Cecil B. Demente el 1 septiembre, 2008

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