Un retorno gratificante al sabor de los clásicos films de venganza salvaje y patada en la boca en las que no queda ni el apuntador.

★★★★☆ Muy Buena

Sentencia de muerte

Vibrante thriller de acción y venganza a lo Cannon de la mano del director de Saw y Dead Silence, James Wan, sin duda a tener en cuenta dada la notoriedad de este su último trabajo. Pese a lo convencional de su argumento, una sucia e hiperviolenta historia de justicieros encabezada por un excelente Kevin Bacon (posiblemente, uno de mis actores preferidos, pues suele bordar cada papel que hace), padre de familia que verá truncada su felicidad después del brutal asesinato de su hijo.

Como en toda película de venganza callejera que se precie, la felicidad es la protagonista inicial, sustituida de modo fortuito por el dolor y la desesperación ante la pérdida de un ser querido. Tal vez sea precisamente ese sentimiento de protección que yo mismo presento hacia mi familia el que me haga ver este tipo de historias con mejores ojos que otros espectadores.

La estética sucia, ayudada por una fotografía granulosa, no hace sino incrementar la turbación y la calidad de un discurso, en el fondo algo moralista, que pese a su lentitud, se hace mortalmente entretenida pero sin dejar de causar malestar e incomodidad en determinados momentos. No obstante, y aunque sea un film de acción, se procura ahondar en las motivaciones del protagonista, su dolor, su sufrimiento y las decisiones irreversibles que deberá tomar, por lo que, con esta película, asistimos a un absoluto y progresivo proceso de conversión y descenso a los infiernos.
La factura del film es impecable, brillando el salvajismo de las peleas y tiroteos, cada vez más brutales en este nuevo cine del siglo XXI, algo retraído en la última década, pero que parece que vuelve a sus orígenes. Por tanto, esta película podría entenderse como todo un homenaje al cine de venganza de la década de los 70 y 80. Títulos como la brutal epopeya de Harry el Sucio Impacto Súbito, Ángel de Venganza, El Exterminador, Exterminador II, Escupiré sobre vuestra tumba, las salvajadas callejeras de Charles Bronson (Yo soy la justicia y derivados) o la adaptación del personaje de la Marvel The Punisher en la película El Vengador (superior esta versión de Dolph Lundgren a la de 2004).
Y es precisamente esa estética y ese talento visual de James Wan lo que permite esa sensación retro y, en esencia, nostálgica. Destaca también esa reflexión sobre el papel del justiciero, covertido finalmente en alguien como los tipejos a los que quería eliminar. Puede que sea una reflexión banal, pero desde luego tiene su fundamento, su razón y su pura realidad.

No me ha dejado indiferente (por lo chocante de sus argumentos) una crítica en la guía On Madrid haciendo referencia a que Wan ha tomado lo peor del videoclub de esa época para hacer esta película. Evidentemente, dado que lo que el director quería era filmar una salvajada estilo Cannon, no tenía otro material al que recurrir, y según mi opinión, creo que Wan ha perpetrado una notable adaptación de la novela de Brian Garfield, que ya sirvió de base para el conocido film de Charles Bronson, El Justiciero de la Ciudad.Un retorno gratificante al sabor de los clásicos.

Lo mejor: Prácticamente todo.
publicado por Pablo Rodríguez el 15 septiembre, 2008

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