Un producto nada prescindible si quiere comprobarse el esperanzador y reciente movimiento cómico que ha surgido en el cine de los Estados Unidos. Zohan: Licencia para peinar es tan descabellada como camufladamente perspicaz.

★★★☆☆ Buena

Zohan: licencia para peinar

Está claro que, ante toda la comedia barata made in USA que hace años que arrasa e invade dentro y fuera de sus fronteras, ha surgido, supongo que como debe ser, una nueva forma de ver dicho género, cuya adopción ha resultado ser, no tan sólo un éxito taquillero y, en cierta medida, crítico, sino también un lavado de cara monumental al cansino tópico en el género cómico. Llámenle factoría, llámenle moda o tendencia, pero claro está que siempre viene bien que tipos como Judd Apatow, los hermanos Farrelly, Ben Stiller -¡hay que ver Tropic Thunder ya!-, Seth Rogen, Steve Carrell o, ahora mismo, el renovado Dennis Dugan –Un papá genial, Seguridad nacional, Os declaro marido y marido…-, cuya personalidad ha surgido en Zohan: Licencia para peinar, un film tan atractivo e innovador como absurdo. Si bien ésta no llega a la brillantez de Supersalidos o Matrimonio compulsivo, su complicada propuesta de tratar el sujeto más polémico del momento -el conflicto entre israelíes y palestinos- con absoluto humor gamberro, resulta ser tan arriesgada que se sobrepone ante sus evidentes fallos argumentales o algunas salidas de tono extremas. Me saco el sombrero, pues, ante Dugan y Appatow -es uno de los productores de la película- por, además de tirarse de cabeza, salir del agua con tal frescura y gracia.

Pero como en toda comedia inteligente -en este caso, no aparenta serlo, empezando por el título- se necesita que el protagonista que lleve el peso prácticamente entero sea de un buen calibre. Personalmente, nunca hubiera elegido al, hasta ahora pesado, Adam Sandler, aunque lo cierto es que tras ver el resultado, no cabe menor duda de que él, y probablemente algún otro, hubieran sido los idóneos para interpretar a este Zohan. Un personaje tan caótico como su película; todas las chorradas que llega a hacer, todo lo que llega a decir, es de un humor tan sano como irreverente. La de Sandler es una interpretación enormemente desvergonzada y genial, sin dejar aparte la de un Rob Schneider en su punto y un John Turturro más extravagante que nunca.

Redundante por momentos, tópica en según qué situaciones -debo suponer que la productora controló el desfase-, pero también enérgica y alocadamente divertidísima. Un producto nada prescindible si quiere comprobarse el esperanzador y reciente movimiento cómico que ha surgido en el cine de los Estados Unidos. Zohan: Licencia para peinar es tan descabellada como camufladamente perspicaz.

Lo mejor: lo arriesgado del asunto.
Lo peor: un guión completamente mejorable.
publicado por Ramón Balcells el 17 septiembre, 2008

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