La mano maestra de Chris Carter junto con Frank Spotnitz, envuelven este regreso de un modo único. No existe otra franquicia que le guarde a sus creadores un espacio tan importante a la hora de su adaptación.

★★★★☆ Muy Buena

X-files: Creer es la clave

Inevitable es que preguntemos, frente a este estreno, cuál es la razón del regreso de la franquicia X-Files, seis años después de terminada la serie. Más allá de la conclusión obvia (”cualquier momento es adecuado para retomar una franquicia exitosa”), algunas cuestiones saltan a la vista. En primer lugar, el regreso de la pareja protagónica, luego del alejamiento de Duchovny de la serie, que, debido a su salida y a la consecuente caída en la audiencia y en la calidad de los guiones de la serie, no pudo sobrevivir mucho tiempo sin él. En segundo lugar, el regreso a los bosques de Vancouver, escenario principal de la serie.

Lo que se ha pretendido con esta película es regresar al mejor momento de la serie, retomando el espíritu que la sostuvo en sus mejores temporadas. La trama deja de lado la historia de conspiración gubernamental vinculada con una futura invasión extraterrestre, y lo sobrenatural se reduce a los supuestos poderes psíquicos de un ex sacerdote condenado por casos de abuso de menores. Lo central, más allá de la historia y de la relación que une a Mulder y Scully, quienes se ven obligados a colaborar nuevamente con el FBI para resolver una serie de secuestros y asesinatos (que, luego se verá, son provocados por una red de tráfico ilegal de órganos), es el debate esencial que dio pie a toda la serie, entre ciencia y fe. Estas dos posturas se ven representadas desde el episodio piloto, por Scully y Mulder, respectivamente, y estructuran el punto de vista de la serie, que parte de la ciencia para intentar acercarse a aquellos fenómenos que la ciencia no puede explicar. La premisa es “¿pueden existir elementos que vayan más allá de nuestro entendimiento?”, y frente a esta premisa, este segundo desprendimiento cinematográfico de la serie X-Files (el primero después de su finalización), va mucho más allá del thriller aparentemente convencional, constituyendo un debate complejo que parte del espíritu inicial de la serie, hasta desarrollarse en esta película sin necesidad de tener en cuenta los coletazos que tuvo este mismo debate durante nueve temporadas. Basta detenerse en el subtítulo de esta película, traducción del original “Quiero creer”, que aparecía desde el primer capítulo, ilustrando el popular afiche en la oficina de Mulder.

La mano maestra de Chris Carter (creador de la serie, guionista y director de muchos capítulos, productor de la primera película de X-Files, y guionista y director de esta), junto con Frank Spotnitz, cocreador y productor principal de la serie, coproductor y coguionista de esta, envuelven este regreso de un modo único. No existe otra franquicia televisiva, histórica o contemporánea, que haya sido adaptada al cine de manera tan genuina. No existe otra franquicia que le guarde a sus creadores un espacio tan importante a la hora de su adaptación. Por más que haya vuelto la histórica pareja Duchovny – Anderson, sin los nombres de Carter y Spotnitz detrás de las cámaras, esta segunda película se vería completamente estéril frente a la enorme cantidad de ideas que disparó la serie (una de las pocas capaces hasta de autoparodiarse en varios capítulos) y que esta película consigue retomar. La necesidad de la ciencia de convivir con la fe, en este caso puede verse claramente, por ejemplo, en la necesidad de Scully de creer que el tratamiento que aplica en su paciente, un niño enfermo terminal, conseguirá salvarle la vida. Y este contenido, que supera los límites de la acción propia de todo thriller, son los que consiguen elevar esta película del espacio habitual de los “productos para fanáticos”, y puede resultar interesante incluso para aquellos que jamás siguieron el devenir de la serie.
publicado por Leo A.Senderovsky el 17 septiembre, 2008

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