Con todos sus defectos, se trata de uno de los pocos exponentes del mejor cine italiano de los últimos tiempos.

★★★☆☆ Buena

Cien clavos

Llega Cien clavos, la última película de Ermanno Olmi, uno de los directores vivos de mayor trayectoria en el cine italiano y, según sus propios dichos, su despedida del cine de ficción. Cien clavos narra la historia de un profesor universitario que es acusado de profanar una fastuosa biblioteca frecuentada por clérigos, y decide huir del lugar. Su huida no es tanto una fuga de la justicia, como una huida del mundo de la “verdad de las letras” a la “verdad de la gente”. Así se interna en una comunidad humilde y, con la ayuda de los habitantes del lugar, decide refaccionar una antigua construcción de piedra. El profesor, que con su aspecto símil Jesucristo logra simpatizar con los pueblerinos y seducir a una mujer del lugar, encuentra allí lo que no encontró en una vida dedicada al saber y los libros. La película abre con la investigación y llega a la detención del profesor y su confesión, pero estas secuencias contrastan con la cálida pintura que Olmi hace del pueblo, los habitantes y su relación con el profesor. Si allí se encuentra lo más precioso del film, precisamente lo más cercano a sus raíces vinculadas al neorrealismo, el resto, con sus obvias metáforas (el parecido físico entre el profesor y Jesús intenta reforzar la crítica del profesor hacia aquello que la Iglesia erige como verdad), su fuerte tendencia a la declamación (en el interrogatorio y en la posterior discusión con el sacerdote), y sus rasgos de lirismo (como la frase que cierra la película), terminan opacando la belleza que se plasma en las escenas que comparte el profesor con los pueblerinos, y en esa trunca historia de amor entre el profesor y su enamorada. Aún así, con todos sus defectos, se trata de uno de los pocos exponentes del mejor cine italiano de los últimos tiempos, y si se compara este film con las exitosas comedias y dramas románticos realizados por directores nóveles, se evidencia un quiebre entre los pocos directores veteranos que aún se mantienen en actividad y las nuevas generaciones de directores italianos (hay que excluir en esta división las carreras de talentosos realizadores como Nanni Moretti y alguno más, que no representan ninguna de estas dos camadas) que parecen ignorar por completo el espíritu del cine italiano que alguna vez, muchas décadas atrás, logró pasar a la historia del cine mundial, con películas cuya esencia es fácilmente rastreable en los mejores pasajes de este film.
publicado por Leo A.Senderovsky el 20 septiembre, 2008

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