El caballero oscuro (The Dark Knight)

Se suele hablar con fácil zalamería de la erótica del poder sin querer rascar un poco más allá, a lo que tal vez sea el quid de la cuestión, lo que verdaderamente se oculta bajo ese placer de dominar que no sería otra cosa que la erótica de la maldad.

Porque ser malo, mola. Bueno, malo no, por lo simple y dual, más bien gris con matices.

Decía Bakunin, el padre del anarquismo, que si no hubiera sido inventada la sociedad el hombre hubiera seguido siendo una bestia salvaje o lo que viene a ser lo mismo, un santo. Joseph Conrad proponía en El corazón de las tinieblas – el cuento más intenso de la historia de la literatura para Borges – un viaje hacia la animalidad. Coppola, el más listo de la clase, dio cuenta de ello en Apocalipse Now. En el mundo actual muchos ya asumen ese caos intrínseco y películas extraordinariamente honestas como El tren de las 3.10 lo demuestran.

El caballero oscuro nos engaña, parece admitir la maldad para acabar siendo vehemente y eso es estafar tu propio planteamiento o lo que es lo mismo, cagarte patas abajo.

Con un primer acto sublime que anuncia el Apocalipsis en que vivimos, no ya físico sino sobretodo espiritual; con un Joker que es pura anarquía – increíble Heath Ledger por supuesto, pero increíble también el guionista que lo crea – y cuya más sensacional hazaña es la de demostrar al hombre que la bondad o la maldad son las dos caras de la misma moneda; pero con un final decepcionante donde sobran frases rimbombantes y falta lo que hay que tener para no caer en el mismo disfraz que se pretende criticar.

Joker bautizado como el Bakunin del siglo XXI, libre de hipocresía y Pepito Grillo dinamitador de morales de mercadillo – de los demás personajes y lo más importante, de los espectadores – explota los resortes de nuestra careta de chicos buenos para sacarnos todo eso que queremos esconder; y tan bien parido está que, aunque callemos, le pedimos mascullando entre dientes que machaque a Batman.

Saquemos ya el as de la manga, ¿quién quiere que gane el bueno? ¿No son esos mismos héroes impolutos y virtuosos una especie de políticos de tres al cuarto – como lo son todos – y sólo por esa doble moral ya se merecen la muerte?

Batman, Spiderman y Superman son héroes de papel maché que se ganarían bien la vida como maniquís de El Corte Inglés. La necesidad de héroe está en cada uno de nosotros en el tiempo del caos, pero no del héroe de calcomanías sino del héroe nihilista.

Batman salvaría nuestra vida golpeando con bocadillos y onomatopeyas, pero dejaría al criminal en manos de la justicia para que saliera libre a los dos días y poder así ejercer su rol descafeinado en un bucle sin sentido.

Por eso en el fondo, intentamos censurar al criminal cuando lo que queremos es adorarle por mostrarnos el camino. Por eso fracasa también la película, por especular con la anarquía y acabar tomando copas con la Madre Teresa de Calcuta. Y por eso son mucho más honestos héroes como el cortapiernas de Ichi the killer, el dentista fracasado de Old boy o el ciego navajero de Zatoichi. 

Gora Joker.

Lo mejor: El primer acto lleno de anarquía
Lo peor: El final optimista que da ganas de vomitar
publicado por Francisco Menchón el 23 septiembre, 2008

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