Vicky Cristina Barcelona

VICKY CRISTINA BARCELONA

SPAIN IS DIFFERENT

 

“El carisma de Barcelona ha rejuvenecido mi cine. Yo sigo teniendo los mismos achaques". Así se expresaba Woody Allen cuando le preguntaron por la ciudad elegida como romántico paisaje de su nueva película. Un filme que narra las tribulaciones amorosas que acontecen durante un verano luminoso y mediterráneo entre dos turistas americanas, un pintor bohemio y su celosa exmujer. Imagino que el director neoyorquino se refería a otro tipo de achaques, pero lo primero que a uno le viene a la cabeza es la sensación que, finalmente, nos trasmite su trabajo en esta cinta: una cierta indolencia o acomodada inercia (uno no sabe muy bien como expresarlo). Y no es por su discurso, conscientemente ligero, sobre el amor y la dificultad de que perdure una vez que se esfuma el hechizo inicial, o sobre el egoísta que siempre nos descubren las relaciones afectivas. Tampoco trasluce esa pereza en unos personajes construidos a partir de unos tópicos que Allen lleva hasta una exageración muy próxima al esperpento. No, en eso Allen es un maestro, sus películas rebosan de tipos imposibles y tiernos que siempre consiguen arrancar una sonrisa al espectador. Aquí, nuestro pintor es un sofisticado y actualizado arquetipo del clásico don Juan español de toda la vida. Y su exmujer, la desarmante María Elena, una retorcida y cómica interpretación de la ardiente pasión latina. Por otro lado, cada una de las amigas americanas, representa sendas formas de entender el amor: Vicky es la burguesa que aspira a casarse y tener una vida tranquila, y Cristina está sedienta de emociones excitantes. Donde este crítico percibió esa apatía o una mecánica reiteración de elementos narrativos es, precisamente, donde Woody Allen ha demostrado ser un genio: en la construcción del argumento. Su relato es apresurado y superficial porque, entre otras cosas, Allen decide utilizar abusivamente una voz en off para hacer avanzar la trama, imponiendo demasiadas premisas sobre la historia y sus personajes. Una información que el espectador debería ir descubriendo por sí solo y sugerida por el desarrollo de la narración cinematográfica.

Pero hablamos de uno de los grandes, y su película española también desborda un encanto cargado de resonancias del cine de Eric Rohmer. Además, con la aparición de Penélope Cruz dando vida a la disparatada María Elena, nos reencontramos con la mejor versión de Allen, con ese que nos hace reír por dentro con deliciosa complicidad.

Por último, Vicky Cristina Barcelona da una vuelta de tuerca a aquello de “Spain is different”. Y proyecta una imagen de nuestro país tan sofisticada, cool y fascinante como, me temo, irreal.

Lo mejor: El personaje de Penélope Cruz, el trabajo de Rebeca Hall y el rostro de Scarlett Johansson.
Lo peor: Como dijo mi amigo Foxo:¡Joder, es que me importan un huevo las tribulaciones de un chino en china y los rollos mentales de este grupo de idiotas!
publicado por Antonio Boñar el 18 noviembre, 2008

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