Gomorra

GOMORRA

NEORREALISMO ITALIANO

 

En el imprescindible libro de André Bazin, ¿Qué es el cine?, el crítico francés habla sobre el cine italiano de postguerra en estos términos: “Su realismo no encierra en absoluto una regresión estética, sino por el contrario un progreso en la expresión, una evolución conquistadora del lenguaje cinematográfico, una extensión de su estilística”. Con Roma, ciudad abierta (1945), Rossellini desmanteló las convenciones narrativas del momento para reinventarlas y enseñar al mundo una nueva forma de contar historias, además de iniciar una de las corrientes cinematográficas más influyentes de la historia del cine. El neorrealismo italiano surgió como respuesta a la desolación y miseria de la postguerra. Un cine realista responde a una necesidad biológica, decía el antes nombrado André Bazin. En ese contexto histórico, los precursores de esta vanguardia entendieron que el cine debía alejarse de los estudios, salir a la calle y reflejar las frustraciones de la gente corriente. Además de los escenarios reales y de unas  tramas protagonizadas por la clase trabajadora, con una fuerte carga ideológica y de denuncia social, otras constantes del neorrealismo fueron la presencia de actores no profesionales o el uso de largos planos secuencia que buscaban transmitir una sensación de tiempo real.

Gomorra recupera, cincuenta años después, esa mirada áspera y cruda sobre la realidad. La cámara desapasionada de Matteo Garrone se detiene sobre las calles de Nápoles para retratar la vida cotidiana bajo esa terrible y quieta omnipresencia que carcome lentamente la existencia y el destino de sus gentes: la Camorra. No hay mucha diferencia entre la Roma devastada que aparece en el filme de Rossellini y este Nápoles ajeno a la Europa del bienestar, un olvidado paisaje donde la guerra todavía no ha terminado. Aquí no encontramos ese cierto glamour de Vito Corleone o el encanto de Tony Soprano; en Gomorra vemos el verdadero y sórdido rostro de la Camorra, su vulgar condición de asesinos, el veneno moral que sostiene su entramado. Y esas imágenes que desfilan ante el espectador desnudas de ficción, agarradas a la realidad y ajenas a cualquier tipo de juicio, terminan elevándose como un testimonio profundamente elocuente y sobrecogedor.

Lo mejor: Te atrapa de principio a fin. Aturde, emociona y sobrecoge.
Lo peor: La Camorra.
publicado por Antonio Boñar el 28 noviembre, 2008

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