Una obra que encumbra a mi mito mamporril a los anales del cine de autor.

★★★★☆ Muy Buena

Jcvd

Todo el mundo tiene un pasado, y en este caso no me refiero al fiestero belga que protagonizó toda buena peli de cachiporrazos a principios de los noventa. Me refiero a mí, que, fiel seguidora de Van Damme esperaba agazapada a que alguien realizara una obra que pudiera encumbrar a mi mito mamporril a los anales del cine de autor.

Y el momento ha llegado gracias a Mabrouk El Mechri y un visionario guión que mezcla el falso documental, el género del biopic, la ficción, la realidad y bastante mala uva en alguno de los diálogos convierte a Van Damme en una persona de carne y hueso aquejada de las inseguridades propias de aquel que se da cuenta de que está perdiendo el rumbo. Hollywood como el mayor de sus males, sus problemas familiares, los fiascos de la taquilla, los coqueteos con las drogas, toda esa parte del “autentico Van Damme” se juntan con la imagen que crean para la cinta.

Jean Claude regresa a casa para descansar con su familia en Bélgica (hecho importante ya que la cinta se desarrolla en su mayor parte en francés). Tras hablar con su manager, desolado por el último proyecto en que no le eligen tiene que hacer parada en una ofician de correos para cobrar un giro, su economía no está muy boyante, y él parece desesperado a pesar de fingir seguir siendo la gran estrella e intentar complacer a todos los personajes que se cruzan con él por la calle, desde la taxista pesada al dueño del videoclub. Por eso cuando la cosa se tuerce acaba involucrado en el robo de la oficina tras una bronca monumental con la cajera (y atención que es uno de los giros arguméntales más logrados y mejor resueltos)

Si el acérrimo detractor se arriesga a ver la cinta puede encontrarse alguna grata sorpresa al comprobar que el belga sabe hacer algo más que abrirse de piernas y repartir sopapos. Para ello simplemente hace falta llegar al magnífico y nunca suficientemente alabado plano fijo que encumbra al personaje sacándolo de su propia película mostrando los recovecos de la producción mientras cuenta toda su historia de autodestrucción que ha vivido. Pelos como escarpias oigan.

Esperemos que ahora, un rescatado Jean-Claude nos regale alguna joyita resurgiendo de sus cenizas. Desde luego se lo han puesto en bandeja.

Lo peor: La penosa distribución de una de las únicas propuestas originales que pueden llegar a las salas.
publicado por Ana Belén Pacheco el 1 diciembre, 2008

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