Un churro de los que hacen época. Mal intento de recuperar a unos personajes a los que volver a la pantalla grande no les ha hecho ningún favor, aunque con una trama tan simplona poco más se podía hacer.

★☆☆☆☆ Pésima

X-files: Creer es la clave

Recuperamos a dos viejos conocidos de la pequeña pantalla, que ya probaron suerte en cine con una primera parte que no acabó de arrasar, como si lo hiciera la serie, y que, ahora, deciden volver a la carga diez años después de sus primeras aventuras en pantalla grande. Suelen decir que mejor tarde que nunca, aunque en este caso… bueno, en este caso, creer es la clave. Hoy: X Files: Creer es la clave… ¡Empezamos!

Al parecer, en una región de los Estados Unidos donde hace un frío de tres pares de cojones, han desaparecido varias mujeres. Cuando una de las desaparecidas es una agente del FBI la agencia empezará a investigar el caso (como si antes se la sudara bastante lo de las demás chicas). En su búsqueda les ayudará un sacerdote pedófilo que asegura tener visiones acerca de las personas desaparecidas y que, cuando el hombre empieza a encontrar cuerpos, ya se lo empiezan a tomar más en serio. Así que, a través de Scully, reconvertida en médico, pedirán ayuda a Mulder (que después de dejar el FBI se encerró en su casa, abandonándose, con una frondosa barba, aunque con el pelo perfectamente cortado, eso si), para que trate con el tio de las visiones y descubra si les está contando la verdad o solo es un zumbado más. ¡Vaya mierda de excusa más pillada con pinzas para recuperar a dos personajes tan carismáticos, por el amor de Dios! A la vez, Scully tiene su propia trama paralela (y absolutamente prescindible) donde tendrá que salvar la vida a un muchacho aquejado de una grave enfermedad. Pues vaya plan.

La mejor noticia de esta segunda entrega es que quien decide recuperar las riendas y se ocupa de escribir el guión y dirigir la película es su creador Chris Carter, responsable, además, de dos series más: Millennium (más misterio y fenómenos paranormales) y The Lone Gunmen (un Spin-off de la propia Expediente X). Como hace tiempo que no sabiamos de él, supongo que se habrá decidido a realizar esta secuela porque se estaba quedando sin pasta. El reparto, como no, está encabezado por David Duchovny, actor que disfruta de mayor éxito en televisión (la misma Expediente X y la genial Californication, de la que actualmente se está emitiendo la segunda temporada) que en cine (entre lo más destacado encontramos: Kalifornia, Jugando con la muerte, Evolution o Full Frontal) y Gilliam Anderson (a quien le han cambiado la voz de doblaje para esta película), que tampoco es que haya tenido una carrera demasiado brillante en pantalla grande (apenas la recordamos, últimamente, por su papel secundario en El último rey de Escocia). Además de los dos gallos principales, para esta secuela han añadido un par más de caras conocidas: Amanda Peet, actriz que aparecía en títulos como Falsas apariencias (¿quien no recuerda esa escena cuando dispara?), Identidad, Syriana, El amor es lo que tiene, El niño de Marte y alguna que otra tontería más y Billy Connolly (es el de los pelos), habitual secundario, visto en películas como Beautiful Joe, El último Samurai, Timeline, Fido y alguna otra que paso de recordar.

Antes de nada déjenme contarles que nunca fui un seguidor acérrimo de la serie. La pillé ya empezada, y, a pesar de que la estuve viendo durante alguna temporada por televisión, la dejé mucho antes del final, cuando la cosa me empezó a aburrir y a liarse de más. Para colmo tampoco he visto la primera película del año 1998, más que nada porque esa sí que seguía una trama que, por aquél entonces, ya no estaba viendo. Total, que diez años después deciden recuperar a los protagonistas de la serie para meterlos en un nuevo caso, sin que venga demasiado a cuento y con el agravante de tener una trama sosa hasta máximos insospechados, predecible, a la que le cuesta horrores avanzar (se recrean dando vueltas y más vueltas sobre lo mismo) y vista mil veces. Vamos, que no pasa de ser el típico thriller, de manera que si quitan a Mulder y ponen a Morgan Freeman en su lugar apenas notarían el cambio (¿alguien ha dicho "El coleccionista de amantes" o "La hora de la araña"?). Y es que, perdonen mi ignorancia al respecto, pero, ¿donde están los bichos verdes montados en platillos? Y ya puestos, ¿donde está la química entre sus protagonistas? (Ah, si, en su cuenta bancaria). En principio el hecho de que quisieran hacer una película más pequeña y sencilla, sin tanto bombo y platillo (platillo, ¿lo pillan?) como pintaba la primera parte, me parecía una idea bastante acertada, pero, a la hora de la verdad, el resultado final no puede ser más desangelado. La cosa tiene pinta de que Chris Carter recuperara una idea para un capítulo chungo de los que nunca llegaron a rodar para televisión y pensó: ¡Que coño, de perdidos al río! Y para la productora que se fué, agitando los papeles al viento y gritando hacia las oficinas, desde la puerta: ¡La verdad está ahí fuera! Para acabar de rematarlo (y como mucho me temo que el capítulo no daba como para hacer un largo), se sacan de la manga una subtrama con Scully como prota que no viene a cuento de nada, que no interesa y que aburre, más si cabe, que la trama principal.

Resumiendo: Un churro de los que hacen época. Mal intento de recuperar a unos personajes a los que volver a la pantalla grande no les ha hecho ningún favor, aunque con una trama tan simplona poco más se podía hacer.

Lo mejor: El gag de Bush
Lo peor: Que vuelvan con algo tan flojo
publicado por Jefe Dreyfus el 11 diciembre, 2008

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