Di que sí

Ser un cómico como Carrey no es nada fácil: hay que hacer lo que el público espera de tí, y a la vez hay que intentar hacer cosas nuevas. El problema es que muy pocas veces el público -ese gran público que le ha dado la fama que tiene- acepta esos cambios, e intentos como "The Majestic" o "El número 23" han fracasado estrepitosamente -aunque "El Show de Truman" pudo haber supuesto un cambio radical en su carrera-. Pero la gente lo que quiere de Carrey es su modo salvaje de hacer el bestia, con sus generosas raciones de muecas, las imaginativas burradas que nos tiene acostumbrados, y su capacidad casi ilimitada para imaginarse situaciones desquiciadas, con aún más desquiciadas resoluciones (¿quién no recuerda la reunión de ejecutivos en "Mentiroso Compulsivo", donde da un repasito de lo más nutrido a todos sus compañeros de bufete?). Y el problema es que ya empiezan a notársele los años; con más arrugas de lo que nos tenía acostumbrados, las muecas ya no son tan graciosas y alocadas, y ya no es el jovencito de goma que se contorsiona a placer. Resulta un poco ridículo ver a un casi cincuentón hacer el gamba, cuando podría -y debería- hacer otras cosas para redigir su carrera. Esta película plantea una interesante situación, en la que un amargado empleado de banco que está encargado de concecer créditos a la gente -¿imaginan qué palabra es la que utiliza unas 500 veces diarias? acertaron, es sencillamente NO- descubre un programa de autoayuda que consiste en decir SI a cualquier situación que se le plantee en cualquier momento. Si se hubieran tomado un poco más en serio el guión, podría haber sido una película mucho más profunda, mucho más interesante, pero al final el proyecto queda en un verdadero "tour de force" de Carrey, con todo tipo de payasadas, gestos y mil y una muecas. Evidentemente, en todo ese chorro casi infinito de salvajadas, hay alguna que tiene gracia, y resulta casi inevitable reirse de vez en cuando, pero es una lástima que ese "de vez en cuando" pudiera haberse convertido en "permanentemente", pero quizás no una carcajada sino una permanente sonrisa irónica, como nos sucedía en "El Show de Truman" (quizás, mi película de referencia en torno a Carrey, la mejor de su carrera como cómputo general, aunque también demostrara su gran talento como actor en "Man on the Moon", otro título capital en su carrera que la gente suele olvidar con demasiada facilidad). No obstante, el film tiene personajes bastante reconocibles que trazan una sátira más o menos acertada con el perfil sociológico de occidente, con empresas, bancos, divorcios y situaciones que van destrozando la personalidad -y la vida- de las personas, hasta que vuelven a recuperar su identidad, a veces de la manera más insospechada. Es una lástima que el saber hacer que demostró Peyton Reed en una inteligentísima comedia llena de glamour y estilo como "Abajo el amor", con unos Ewan McGregor y Reneé Zellweger en estado de gracia, ahora se convierta en una burda y simple realización para crear un producto de rápido consumo y uso, para ser olvidado al siguiente fin de semana.

Lo mejor: Algunos chistes y situaciones, y la forma rocambolesca e histriónica de Carrey de afrontarlas
Lo peor: Estar viendo -otra vez- el repertorio de burradas de Carrey. Los añitos -y las arrugas- que ya empiezan a notársele
publicado por Federico Casado Reina el 27 diciembre, 2008

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