Los Coen subvierten el ritmo establecido en toda la película, y si logran que las piezas terminen de encajar, lo hacen desatendiendo la fuerza del final.

★★★☆☆ Buena

Quemar después de leer

La nueva película de los hermanos Coen, luego de la laureada No es país para viejos, es un regreso a la comedia, género que caracterizó durante años al cine de los Coen, con recordadas piezas como El gran Lebowski u O brother!, donde el disparate es moneda corriente. Como en sus mejores comedias, los Coen se aferran al patetismo de sus personajes como única, y necesaria, vía para justificar el absurdo. Aquí los personajes en cuestión se encuentran por casualidad con un cd lleno de “shit”, como le gusta decir a Chad (Brad Pitt). Ante ese cd con información secreta de la CIA, dos de ellos (Chad y Linda) deciden extorsionar al dueño del cd. Linda (una excelente Frances McDormand) pretende con esa extorsión conseguir sus múltiples cirugías para obtener mejor suerte en el servicio de citas. Las pocas ambiciones de Linda serán, sin embargo, las más persistentes a lo largo de la película, y su tenacidad la llevará al éxito. Si en cuanto a idiotez no se diferencia del resto de los personajes (incluyendo a los agentes de la CIA), toma distancia del resto al ser la única que tiene más que claro lo que quiere, aunque aquello que desea no deja de ser superficial. Los Coen ya nos tienen acostumbrados a mostrarnos a un conjunto de idiotas adorables, y aunque lo de adorables no incluye a todos ellos, ninguno se salva del cartel de idiota. Lo que en manos de otro director podría sonar como un relato juicioso, “desde arriba”, en los personajes de los Coen esto no se muestra de tal forma, ya que en ningún momento dejamos de sentir cierta ternura por ellos, aún por los más tramposos, como Harry (George Clooney), quien sistemáticamente engaña a su esposa con cuanta mujer se cruza. Pese a algunos elementos reiterados en sus comedias, la manera en que se cruzan las vidas de este conjunto de timadores más o menos ambiciosos (pero siempre inútiles), incluyendo alguna que otra sorpresiva vuelta de tuerca, permite que se la vea a carcajada limpia. Esto sucede al menos hasta el abrupto final, cuando en una conversación de oficina, los agentes de la CIA ven cómo se resuelve el tema de la información confidencial robada, sin tener que mover un pelo. Sobre ese acelerado final recaen los principales problemas de Quemar después de leer. Los Coen subvierten el ritmo establecido en toda la película, y si logran que las piezas terminen de encajar, lo hacen desatendiendo la fuerza del final, obviando por completo lo que se podría haber hecho llegado ese punto de la historia. Parte de eso está asociado con el torpe acercamiento de esta comedia al género de suspenso (en este caso, propio de las películas de espionaje). Parecería que luego de la extenuante No es país para viejos, a los Coen no les ha quedado resto en lo inmediato para generar cierta tensión, y tal vez eso podría haber sido el remedio para esta, una comedia con personajes construidos al detalle, un desarrollo disparatado, y un final decepcionante.

Lo mejor: Frances McDormand, su adorable y patético personaje de Linda Litzke, y la forma en que confluyen en un todo el conjunto de simpáticos idiotas que viven de engañar al otro.
Lo peor: Su abrupto final.
publicado por Leo A.Senderovsky el 29 diciembre, 2008

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