Lo mejor es intentar no buscarle mucha coherencia al conjunto y arrejuntarse con la pareja a la que engañemos para ir (es la única excusa que se me ocurre para que la película merezca la pena)

★★☆☆☆ Mediocre

La semilla del mal

Cuando una película trata de confeccionarse a partir de una fórmula matemática, es muy fácil que el producto resultante sea frío, repetitivo y cansino. Desgraciadamente, las grandes productoras apuestan demasiado a menudo por estos ejercicios de química y muy poco por las ideas originales de nuevos valores y son estas cintas repletas de campañas de marketing exuberantes las que acaban inundando las carteleras de nuestro país.

“La semilla del mal” no es más que un montón de refritos, tópicos e imágenes robadas a otras películas del género terrorífico, mezcladas por un artesano correcto pero sin un estilo propio que le haga destacar sobre los demás, acostumbrado a escribir o co-escribir guiones de grandes superproducciones como “Jumper”, “El caballero oscuro” o “Blade: Trinity”. A esto le sumamos alguna estrella que se ha dejado tentar por el vil metal y una cantidad ingente de efectos especiales para envolver de forma vistosa una caja vacía y ya tenemos un nuevo film con el que romper las taquillas.

En este caso, la receta a base de ideas recicladas para esta película está muy clara: cogemos una de las escenas finales de “El exorcista” y la colocamos como ingrediente principal, cambiamos de religión para aportar un sabor ligeramente exótico, añadimos unas cuantas gotas de imágenes de películas niponas, sazonamos con un par de niños con cara raruna para dar susto, añadimos una prota despampanante y un secundario que dé renombre al cartel y lo dejamos al fuego. A continuación, lo sacamos, le añadimos los efectos especiales y la banda sonora típica, con sus subidas de sonido en los momentos clave, dejamos enfriar y servimos en un 70% de las salas de cada ciudad. Derechita a los primeros puestos de las listas.

El caso es que, siendo esto tan previsible uno no puede resistirse y acude a la llamada del terror, confiando en que de vez en cuando, cuando los planetas se alinean y sopla el viento de tramontana, algo hay que sorprenda, pero no es el caso. Todo es previsible, todo suena a visto y lo único que nos queda es ese envoltorio de colores brillantes y con un lazo enorme y llamativo que hace el producto visible. Cuando uno sale del cine pensando en que las escenas que más le han gustado son aquellas en las que aparece la protagonista en braguitas y camiseta de tirantes, recién levantada, es que quizá le falte algo de enjundia al guión.

Venga, vale, os contaré ligeramente de qué va por si los párrafos anteriores no os han disuadido de acercaros al cine a verla. Una chica empieza a tener visiones con un niño de ojos de un azul muy raro, se le empieza a poner un ojo del mismo color y el niño al que cuida empieza a comportarse de forma extraña y violenta. Entonces llega a la sabia y fundada conclusión de que tiene que hacer un exorcismo judío para volver a tener sus ojos de siempre, así que acude a Gary Oldman, que todo el mundo sabe que de esto de exorcizar espíritus chungos entiende un montón y junto con un tipo negro enorme con pinta de boxeador pues se ponen a ello. Al final, se descubren unas cuantas tramas familiares de las que todos podemos tener en el árbol genealógico y el tema acaba con opción a secuela, por si el público pide más.

Lo mejor es intentar no buscarle mucha coherencia al conjunto y arrejuntarse con la pareja a la que engañemos para ir (es la única excusa que se me ocurre para que la película merezca la pena), o bien, esperar pacientemente y disfrutarla en el salón de casa bajo una manta sin pagar los 7 eurazos de la entrada, que para el caso, igual resulta más gratificante.

Lo mejor: La belleza de la protagonista... sin fijarse mucho en sus cualidades interpretativas.
Lo peor: La mezcla de refritos de otras películas.
publicado por Heitor Pan el 26 enero, 2009

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