Con La Duda, el director ha conseguido extraer lo mejor de los actores, unirlo a su magnífico guión, situarlo en un sobrio escenario y presentarlo con rotundidad al espectador.

★★★★☆ Muy Buena

La duda

Tengo que reconocer que acudí a "La Duda" medio obligado, con un mar de… desconfianzas a causa de una trama que me resultaba poco atractiva y muy difícil de digerir en unos tiempos que ansían distensión y esparcimiento. Pronto me di cuenta que estaba ante una de las mejores películas de los últimos tiempos.

Basada en una obra de teatro de su propio director (John Patrick Shanley), narra el enfrentamiento entre una estricta monja, directora de un colegio en la América de los sesenta, y un cura moderno, acusado de pederastia. La cinta cumple lo que promete, es decir un duelo interpretativo de los que hacen época entre dos de los mejores profesionales que hay en el panorama cinematográfico actual: Meryl Streep y Philip Seymour Hoffman.

Independientemente del mérito de los actores –que están sencillamente geniales-, el director no ha caído en su propia trampa y se ha alejado de las tablas para realizar un filme ejemplar. Y es que no hay mejor forma de “airear” la historia que acudir a la propia Naturaleza: el viento dirige la acción, y la nieve, con su manto blanco, la concluye. Y no hay mejor decisión, para modificar el tratamiento, digamos horizontal, que el teatro confiere a los personajes, que provocar una relación vertical entre ellos. Así, con muy buen criterio, el realizador coloca a Meryl Streep siempre por encima de Hoffman; ya sea con el objetivo (contrapicados para ella, todo lo contrario para él) o con la puesta en escena: con la monja situada en un escalón –a veces literalmente- superior; o con el sacerdote sufriendo la mirada de ella, desde la ventana; o la del mismísimo Dios, dentro de la Iglesia.

Esta habilidad de Shanley se refuerza con su mejor activo: el impecable guión. Muy bien tratado desde una estructura clásica ejemplar, donde tres homilías dan paso al arranque, al desarrollo del conflicto y a su resolución. Un ejemplo: la cinta comienza con el religioso explicando a sus feligreses la importancia de la duda; una frase que introduce y resume todo lo que vendrá a continuación y que, además, sitúa la acción en el tiempo al hacer referencia al reciente asesinato de Kennedy.

Con "La Duda", el director ha conseguido extraer lo mejor de los actores, unirlo a su magnífico guión, situarlo en un sobrio escenario y presentarlo con rotundidad al espectador. El resultado es un público que no se mueve de la butaca, que casi no respira y que sigue hablando de la cinta muchas horas después de haber tenido la suerte de verla.
publicado por Ethan el 31 enero, 2009

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