El Luchador

El mismo patinazo que Aronofsky pegó en "La fuente", un intento fallido de trascendentalidad y metafísica Zen, a través de un personaje que viajaba por el tiempo, ahora se ha convertido en toda una resurrección. La misma resurrección de Mickey Rourke, antaño gran esperanza blanca de una generación de actores que a bajo la batuta de Coppola en "La ley de la calle" tenían todas las papeletas para convertirse en auténticos mitos de la historia del cine. Pero a Rourke se le atragantó el éxito de "9 semanas y media" y cayó en barrena con películas cada vez peores y empeños personales (como ser boxeador profesional) cada vez más locos. Eso por no hablar de las muchas operaciones que se realizó para intentar seguir pareciendo joven, hasta llegar a convertirse en una caricatura del guaperas que fue. Pero como si de una broma divina se tratara, ese descalabre físico, ese revolcarse en el fango, le ha servido para encarnar a la perfección a un excampeón de Wrestling (para el que no conozca el palabro inglés, el Pressing Catch -o lucha libre profesional- que se llama en España) que malvive de la poca fama que aún le queda, en su pasado glorioso. Ese desastre humano, cuyo única felicidad es hacer vibrar a la gente con espectáculos de dudoso gusto, ve arrebatada su vida cuando un ataque cardiaco le separa del ring y es ahora cuando ha de olvidarse de los oropeles y plásticos brillantes de la fantasía para aterrizar en el mundo real, con 20 años de retraso: no tiene a nadie con quien compartir su vida y lo intenta con una stripper cuarentona. Su hija lo odia e intenta recuperar esa relación rota y casi perdida. Y para guinda del pastel, imagínense a un ídolo de masas sirviendo en una charcutería… Bueno, pues Arofnosky, que ya demostró su capacidad de escarnio social y ruptura de ilusiones en la estremecedora "Requiem Por un Sueño", ahora destila aún más su narrativa, y con una realización clásica y sin artificio, logra conmover a cada plano, con un guión simple, pero demoledor por su directa forma de contar las cosas. Esto es lo que hay. No hay más. Lo que pensábamos que era fantástico, lo que nos ilusionaba… resulta que nos cae encima como un jarro de agua fría, dejándonos casi sin poder recuperarnos y dándonos cuenta que llega un momento en que no hay lugar para la ilusión. Pero si en "Requiem por un sueño", dejaba un amargo sabor de boca, en "El Luchador" hay una (mínima) luz de esperanza. Si alguien pensó que Rourke estaba acabado, se ha equivocado: aún le queda muchísimo por recorrer. Y da igual su aspecto de zombie siliconado. Su calidad como actor puede con todo ello y mucho más. Lo que me ha fastidiado es que no haya ganado el Oscar al mejor actor, porque se lo merecía, sin duda.

Lo mejor: El pulso de Aronofsky para contar una desgarradora historia. Rourke y Tomei, superlativos.
Lo peor: Casi nada
publicado por Federico Casado Reina el 23 febrero, 2009

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