James Mangold intenta recurrir a lo épico pero esa capacidad o se tiene o no se tiene. En todo caso, su intento es bueno, incluso loable, y consigue firmar una película entretenida, quizás buena, pero que se queda bastante lejos de ser inolvidable.

★★★☆☆ Buena

El tren de las 3:10

El tren de las 3:10” (3:10 to Yuma) es una película del año 1957 dirigida por Delmer Daves sobre una historia de Elmore Leonard. Es, además, una obra maestra como la copa de un pino y una de las cumbres del western dramático o psicológico. La historia del granjero que se ve obligado a custodiar a un temible forajido, papeles interpretados respectivamente por Van Heflin y Glen Ford, no deja de sorprenderme cada vez que la veo.

Era una tarea digna de un grande del cine el atreverse a realizar un remake de tremenda joya, así que no hubiese resultado extraño que James Mangold, un director correcto pero no brillante, se hubiese pegado un batacazo de los gordos. No ha sido así, afortunadamente, aunque “El tren de las 3:10” de 2007 no llega a las cotas de brillantez alcanzadas por la original.

Y la verdad es que hay que reconocer que el intento es bueno y que al menos no resulta un mero calco del clásico, del que se intentan alejar con la introducción de interesantes elementos dramáticos como la minusvalía del granjero o su relación con su hijo. Elementos que le dan un gran calado psicológico al personaje y explican, por si el dinero no fuese suficiente, su necesidad de llevar la misión hasta el final: necesita reivindicarse ante los ojos de su hijo.

El problema es que hay algún momento de la película en el que el personaje corre que se las pela, lo cual no parece muy consecuente con su tan mencionada minusvalía. Es un fallo que se perdona pero que se podrían haber ahorrado haciendo alguna escena (especialmente el final) menos espectacular o, si queréis, “peliculera”.

En donde me tengo que quitar el sombrero es en el terreno interpretativo. Russell Crowe y Christian Bale están espléndidos, cada uno en su registro, y demuestran que pocos hay como ellos capaces de sostener por sí solos una película. En este aspecto la cinta aguanta el tipo frente a la original, si es que no la supera.

Parte del mérito cabe atribuírselo al director, que ya ha demostrado en filmes como “Inocencia interrumpida” o “En la cuerda floja” su capacidad para extraer buenas interpretaciones de sus actores o, al menos, conseguirles el oscar. Supongo que es uno de los motivos por el que actores del nivel de los mencionados quieren trabajar con él. Yo, pese a todo, hubiese preferido que un film así estuviese dirigido por un grande del cine contemporáneo. Sólo de imaginarme qué hubiese podido hacer con esta película un director como Michael Mann, por poner un ejemplo, se me cae la baba.

Echo en falta en el cine actual un tipo de sutileza que parece haber desaparecido y de cuya carencia tenemos un ejemplo en la escena en la que Crowe llega al bar y se encuentra con la camarera. Si comparamos esa escena con la equivalente de la cinta original observaremos que, no sólo la clásica es más sutil y sugerente, sino que es, de hecho, bastante más fuerte. Miedo me da pensar si esto se debe a que los espectadores actuales son, en el fondo, mucho más ñoños y delicados que los espectadores de los años 50.

No quiero que parezca que no me gustó la película, porque no es así, pero me dejó con una sensación extraña en el cuerpo. Por una parte la disfruté pero por otra tengo la sensación de que se han quedado cosas importantes fuera del montaje (no me extrañaría que la parte de la mina fuese originalmente más extensa).

Al final, James Mangold intenta recurrir a lo épico pero esa capacidad o se tiene o no se tiene, pero no se puede impostar. En todo caso, su intento es bueno, incluso loable, y consigue firmar una película entretenida, quizás buena, pero que se queda bastante lejos de ser inolvidable.

Valoración final: 6,5 sobre 10

publicado por Jeremy Fox el 25 febrero, 2009

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