Danny Boyle es un buen embaucador que a veces está inspirado – Trainspotting, 21 días después – y otras sólo se comporta como un malabarista con un montón de números efectivos.

★★☆☆☆ Mediocre

Slumdog millionaire

EL TRAMPANTOJO

El trampantojo – en francés Trompe l’oeil, engañar al ojo – es una técnica que trata de provocar en el espectador confusión entre elementos pintados y elementos reales, suscita la sensación de existencia de objetos que en realidad están pintados. Para que se produzca este "engaño momentáneo" es necesario reproducir la imagen tridimensionalmente, no plana.

Danny Boyle es un buen embaucador que a veces está inspirado – Trainspotting, 21 días después – y otras sólo se comporta como un malabarista con un montón de números efectivos. Slumdog millionaire se ha vendido como la película independiente del año y ha arrasado en los Oscars con sus ocho estatuillas… ocho más de las que se merece.

Jamal un joven indio pobre y sin estudios conoce todas las respuestas del multitudinario programa Quién quiere ser millonario y todos dudan de su inocencia.

Slumdog millionaire es falsa, fragmentaria, tramposa y arbitraria y para colmo el final es un pestiño con incoherencias de guión que terminan por rematar la película.No obstante hay algunos apuntes brillantes:

1) cuando el pequeño Jamal da – literalmente – un salto de mierda por un autógrafo de su ídolo, que anuncia lo putas que lo va a pasar en la vida y lo ruin que es su hermano;

2) la necesaria estructura dramática organizada en flashbacks que va destapando con relativo suspense la razón por la que Jamal conoce las respuestas del programa y a la vez nos cuenta cómo es el protagonista y el amor que siente por Latika;

3) el crescendo del segundo acto, por la habilidad en crear obstáculos creíbles para evitar que los amantes puedan estar juntos; entre ellos el que da pie al mejor momento de la película cuando el hermano de Jamal le arrebata a su querida Latika.

Pero intentar ensamblar el buen cine con los parámetros por los que se rige Bollywood resulta un error de bulto:

1) la película vende la crudeza de la “realidad” india a través de una puesta en escena enloquecida – tal vez queriendo captar el nervio de los bajos fondos tumultuosos de Bombay – de anuncio de la coca-cola que choca con la cotidianidad sincera y desalmada de obras maestras indias como La trilogía de Apu de Satyajid Ray;

2) la bobería bollywoodiense sólo sirve para vender palomitas y no denuncia sino que aplaude – como lo hizo aquí el Landismo – la ruina de la penuria;

3) los personajes son absolutamente planos, sin matices ni contradicciones: o dulces, ingenuos y más buenos que el pan, los protagonistas; o tontos y más malos que la tiña, los antagonistas; por lo que no hay identificación posible con el espectador con dos dedos de frente;

4) el romanticismo vomitivo, tan empalagoso, mentiroso y mediocre como una novela rosa de Corín Tellado;El buen guionista habla de lo que conoce, de lo que ha vivido.

Simon Beaufoy, guionista inglés de Slumdog millionaire también lo fue de la magistral Full monty y si en ella hablaba de la reconversión industrial del norte de Gran Bretaña que trajo paro, pobreza y falta de ilusiones, en ésta no tiene ni idea de lo que habla.Slumdog Millionaire nada en el absurdo sin rumbo dudando entre una búsqueda timadora de la realidad y el cuento de hadas de La Cenicienta.

Y luego está la desfachatez del final feliz incoherente. Dos preguntas sin respuesta:

¿Por qué se suicida el hermano de Jamal?

Sólo para aumentar los tintes de la tragedia porque nada en la película lleva a pensar en ese cambio de actitud tan molesto y engañabobos.

¿Por qué acierta Jamal  la pregunta final?

Que responda acertadamente todas las preguntas tiene una explicación razonable: el destino. Sabe las respuestas porque todas tienen que ver con la vida que ha llevado, es decir, supera los obstáculos gracias a sus propias vivencias y por tanto elimina el deus ex machina, la ayuda divina – lo que recuerda a Los niños del paraíso, la obra maestra de Majid Majidi -. Pero de repente sin venir a cuento en la última pregunta el planteamiento cambia y Jamal, que no sabe la respuesta, se encomienda a los dioses y acierta, cargándose el discurso de la película y dejándolo todo en manos de la suerte, un deus ex machina absurdo y aberrante. Jamal gana a Latika gracias a esa última pregunta y sin que nadie lo sepa – ironía dramática -; ése es su premio, no necesita ganar también el concurso.

Dicen que quien hace trampas jugando al infierno se va caminando… saluda a Satanás Danny Boyle.

Lo mejor: Que el hermano mayor le quite a su chica.
Lo peor: El final mentiroso.
publicado por Francisco Menchón el 27 febrero, 2009

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