Danny Boyle consigue por fin que el último tercio de una película suya no arruine el resto de la función.

★★★☆☆ Buena

Slumdog millionaire

Al principio se llamaba “50×15”, en alusión a los cincuenta millones que te podías llevar si contestabas quince preguntas correctamente. Más tarde, pasó a llamarse “¿Quién quiere ser millonario?” que era el nombre con el que se conocía al concurso en todo el mundo aunque, las reglas seguían siendo las mismas; contesta quince preguntas tipo test (con cuatro respuestas posibles) y con la única ayuda de tres comodines, el de la llamada de teléfono, el del público y el del cincuenta por ciento.

   La historia que se nos cuenta en “Slumdog millionaire” (literalmente “Perro barriobajero millonario”) es la de un pobre miserable nacido en los suburbios de Mumbai que, después de una vida llena de penurias, delincuencia y desgracias, consigue un trabajo de escasísimo nivel y mal pagado pero que, por un azar del destino, le permite participar en el famoso concurso televisivo y, lo que es más asombroso, ganarlo.

   Cuando me enteré de que esta película la dirigía Danny Boyle en seguida me hice mis propias cábalas; se tratará de algo interesante en su planteamiento, entretenido en su desarrollo y fatalmente resuelto. Al menos así es como habían funcionado las películas del director británico hasta la fecha. Ahí están “28 dias después”, “Sunshine” y, sobretodo, “La playa”. Por si esto fuera poco las primeras críticas que escuché sobre la película la atacaban directamente aunque por otros motivos. Al parecer, Boyle presentaba una imagen idílica de los poblados y suburbios pobres de la India, algo en plan “que pobres somos pero que felices”. Y yo ya me estaba esperando ver un montón de gente bailando a orillas del Ganges con sedas de colores y cantando “del pita pita de” o como demonios se escriba.

 

   Por suerte nada de eso hay en la película (salvo en los créditos finales). Puedo asegurar después de haber visto la película que no entiendo a la gente que llegó a esa conclusión a no ser que haya estado allí y la realidad sea aun más espantosa de lo que ya muestra el film.

   Estamos acostumbrados a ver películas que se desarrollan en ambientes parecidos aunque casi siempre en América del sur. Me refiero a “Ciudad de Dios”, a “Rosario Tijeras”, a “Tropa de Elite”, a “La vendedora de rosas” o a “La virgen de los Sicarios”, por mencionar algunas. Todas ellas tienen en común, más allá de la historia que explican, la de mostrarnos una realidad tremenda, la que viven miles de personas cada día, desde que nacen y hasta que mueren, envueltos en la miseria, las drogas baratas y mortales, las armas como juguetes, el hambre, la mendicidad, las agresiones, peleas y altercados constantes, la prostitución infantil, las violaciones, la policía corrupta y brutal,… Ahora, gracias a esta película, sabemos que en la India las cosas no están mucho mejor. Más allá del Taj mahal, del poderío nuclear y de la prolífica industria cinematográfica, se encuentra un país devastado por la miseria, por los niños mendigos o trabajadores, por las escuelas superpobladas y por horrores inenarrables.

   Si tal y como había oído, toda esa realidad se hubiera enmascarado a lo Bollywood con canciones, colorido y demás parafernalia, es muy probable que yo mismo me encontrara ahora mismo echando pestes de esta película a la que le tenía ganas por haber arruinado las posibilidades de encumbrar este año a David Fincher, por el que siento una simpatía mayor que por Danny Boyle. Pero no es así. “Slumdog millionaire” muestra una realidad dura y sombría en la que no faltan algunos detalles de humor que son más fruto del patetismo (ese niño cubierto de mierda de arriba abajo en busca de un autógrafo) que de felicidad pero, sobretodo, bastantes momentos de una sordidez y crueldad que cuesta ver en Hollywood y mucho menos recibiendo premios.

 

   La película, que está contada a base de flashbacks a partir del momento en que el protagonista lleva catorce preguntas acertadas y es detenido por la policía al ser sospechoso de estar haciendo trampas, plantea sobre el espectador una cuestión a la manera del propio concurso: ¿cómo es posible que un tipo como este pueda estar a tan solo una pregunta de ganar los veinte millones de rupias a los que otros muchísimo más listos que él ni se han acercado?

   Probablemente esta sea el interrogante más intrigante de la película y sobre el que muchos se lanzarán cuestionando su verosimilitud: ¡un pillo sin oficio ni beneficio no puede ganar un concurso de preguntas! ¡pero si ni siquiera fue al colegio! ¿Qué puede saber? Se trata de acabar con toda su desdicha de un plumazo para proporcionar el típico “happy end” a la película, etc,…

   La respuesta podríamos encontrarla en la propia versión española del concurso. Recuerdo que, la persona que consiguió los cincuenta millones (no se si ha habido más ganadores) se enfrentó en una de las últimas preguntas a la siguiente cuestión: ¿Qué son los “otentotes”? El concursante se rió ante aquella pregunta y dio la respuesta sin tener que usar ningún comodín. Cuando el presentador, Carlos Sobera, le preguntó como es que sabía la respuesta a algo así (por los estudios que tenía no parecía probable que pudiera conocerla sin recurrir a algún comodín), su explicación fue que conocía la solución gracias a los tebeos de “Mortadelo y Filemón” ya que, en uno de ellos, los conocidos agentes de la TIA deben pronunciar una clave secreta para entrar al cuartel general y dicha clave era: “Esos tíos con bigote tienen cara de Otentotes”. Dicha rima le sirvió para atar cabos y llegar a la respuesta correcta. Y si algo tan casual le permitió conseguir los cincuenta millones… ¿por qué no le iba a pasar lo mismo al protagonista de la película? En definitiva, que ante la pregunta que se le hace al público, la única respuesta posible es:

d) estaba escrito

 

   Tampoco nos llevemos a engaño. Para mí, “Slumdog millionaire” ha sido una sorpresa agradable pero no es sino la película que ha ganado los oscars este año. Como en tantas otras ocasiones, la vida comercial y el recuerdo que dejará en nosotros se desvanecerá poco a poco y dentro de un par de años ni siquiera tendrá cabida dentro de una conversación cinéfila sobre las mejores películas de los últimos tiempos. Su destino es el de “Chicago”, “Traffic” o el de “Crash”. Los mismos premios que las encumbraron las acabaron enterrando. ¿Quién se acuerda hoy de ellas?

Lo mejor: El montaje narrativo a base de flashbacks y la descarnada realidad presentada sin coartadas
Lo peor: Que pese a todo carece del nervio de productos de estética similar como
publicado por Javier Paez el 15 marzo, 2009

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