La Imagen es excepcional. Nadie, aparte de Almodóvar, articularía en un conjunto su historia y su mensaje del modo que él lo hace, a pesar de las imperfecciones.

★★★★☆ Muy Buena

Los abrazos rotos

En la secuencia final el personaje explicita el sentido de todo el lenguaje técnico desplegado. Las películas hay que terminarlas, aunque sea a ciegas. Almodóvar vuelve a inventar su puzzle para disertar sobre su oficio a la vez que elabora un esquema sobre la Imagen. Su metalenguaje busca la génesis en los latidos emocionales de un relato carente de singularidad que al ser desgranado por la mirada de un artista ciego parece con esta argucia justificar la arbitraria configuración de sus piezas dramáticas. Es una apuesta atractiva: partimos desde el más puro tecnicismo hasta llegar a una psicología del creador de imágenes. La secuencia en la que vemos a Harry Klein intentando rescatar su pasado mediante la sensibilidad táctil, colocando sus manos sobre la imagen registrada, es la mejor orientación en este sentido. ¿Y acaso no define perfectamente cómo es el cine de Almodóvar?. ¿Qué queremos decir cuando decimos que en Cine la puesta en escena lo es todo, y que el guión es solo un punto de partida el cual tras el montaje final queda disuelto en el ordenamiento superior de la Imagen, la creación cinematográfica como tal?. La tesis todavía esta de camino, pero desde luego no estoy de acuerdo en que para hacer una buena película es condición ineludible tener un buen guión de base o una historia construida según el canon dramático…

Un ciego intentando atrapar la esencialidad de un arte puramente visual que, en su contexto narrativo, es un modo de redención. La expresión puede parecer abrupta o simple en exceso, pero Almodóvar coloca sus piezas de modo que su lenguaje deviene en discurso coherente. Incompleto, fallido, pero dotado de claridad en función del rango al que nos invita. La claridad en el arbitrio. De ahí, efectivamente, que sea un artista ciego quien sintetiza el sentido final de este ejercicio metalingüístico. La impresión inmediata es la de que estamos ante una obra técnica cuyo atractivo no va más allá de la atracción hipnótica de cada plano, mediante los típicos trucos visuales del autor: su cromatismo a menudo aberrante, la profundidad de campo al servicio de una estilización del perfil de actores y actrices y toda la sensualidad que esto origina. Las imágenes condicionan la atención del espectador, empezando por la técnica y llegando hasta el significado de la previsible tragedia. ¿Es justo, en definitiva, acusar de esteticismo a un narrador que sabe utilizar su técnica para llevarnos al terreno de un constructo psicológico muy preciso?. La indiferencia, previsibilidad o apatía que la historia narrada pueda suscitar es solo el regusto aparente en un primer vistazo. La Imagen es excepcional. Nadie, aparte de Almodóvar, articularía en un conjunto su historia y su mensaje del modo que él lo hace, a pesar de las imperfecciones. Originalidad en la expresión frente a contenidos, palabras, guiones y esquemas. ¿Formalismo?. No. ¿Equilibro entre forma y fondo?. No, es irrelevante en este caso. Una mirada que es un continuum que abarca el medio y el mensaje. Éste es su Cine.
publicado por José A. Peig el 26 marzo, 2009

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