En plena era digital Miyazaki nos sigue sumergiendo en mundos creados con animación artesanal y consigue imágenes tan bellas y poéticas que no echamos de menos la animación digital en ningún momento.

★★★★☆ Muy Buena

Ponyo en el acantilado

Ponyo llama la atención por su sencillez y por su maravillosa animación, de hecho es la película de animación con más fotogramas pintados a mano de la historia (170.000), lo que le da un toque artesanal y muy especial. En plena era digital Miyazaki nos sigue sumergiendo en mundos creados con animación artesanal y consigue imágenes tan bellas y poéticas que no echamos de menos la animación digital en ningún momento.

La película destila inocencia y alegría, es una película para niños orgullosa de serlo, algo que no abunda ultimamente, sin embargo, los adultos sin prejuicios también pueden disfrutar viéndola, sobre todo los que conozcan el universo de Ghibli y Miyazaki. Se echa de menos algo más de profundidad en la historia, conocer cómo llegó el padre de Ponyo, que es humano, a vivir en el fondo del mar, pero hay que tener en cuenta que la intención de Hayao Miyazaki esta vez no era realizar una película compleja y profunda sino una pequeña historia para niños.

A pesar de ser una película más sencilla, las constantes del cine de Miyazaki siguen estando presentes, la denuncia ecologista que ya aparecía en La Princesa Mononoke, el respeto a los ancianos, la poesía visual y un cierto toque onírico, todo esto junto da lugar a esa magia tan especial y única que tienen las historias de Hayao Miyazaki.
Lo mejor: La animación artesanal y el toque de magia Miyazaki
Lo peor: Se echa en falta algo más de profundidad
publicado por Patricia Pérez el 28 abril, 2009

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