Un filme mediocre e infantil, realizado con oficio, eso sí, pero donde la historia resulta simplona, aburrida y no apta para diabéticos.

★☆☆☆☆ Pésima

Los primeros amigos

Shyamalan existía antes de El sexto sentido, y  la prueba de ello es Los primeros amigos (1998), uno de los dos largometrajes que el director realizó antes de despegar comercialmente y el único estrenado en nuestro país, aunque de forma prácticamente inadvertida. La película es un cuento iniciático donde un niño de 10 años, tras la muerte de su abuelo, emprende su personal búsqueda de Dios, en lo que podríamos llamar un viaje de autoconocimiento de lo más cursi. El encuentro de Shyamalan con Rosie O’Donnell no presagia nada bueno, y más sabiendo que la actriz interpreta a una monja enrollada, el tipo de papel que interpreta siempre, le veamos o no el hábito. La cinta, de corte claramente dramático, efectúa leves escapadas al fantástico sin moverse del encorsetado cine familiar, descubriéndose como un filme mediocre e infantil, realizado con oficio, eso sí, pero donde la historia resulta simplona, aburrida y no apta para diabéticos. La narración es episódica y no es casualidad que un capítulo se titule Señales, ya que elementos como la crisis de fe, el tono evangelizador y el anti climático cierre final, nos remiten directamente a lo peor de esa película.

Lo mejor: Los actores no están del todo mal.
Lo peor: El baboso final.
publicado por Cecil B. Demente el 4 mayo, 2009

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